El Día de los Inocentes... no, perdón, el Día de los Santos Inocentes. ¿Qué sentido tiene? El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra... ¿quién está libre de pecados? Y en otro orden de cosas, ¿por qué coño celebramos el día de marras haciendo putadas al prójimo? Porque, más que el Día de los Inocentes, parece el Día del Orgullo Culpable... o el Día de que un soplapollas te venga a calentar los huevos, te diga "¡¡INOCENTEEE!!" y tú tengas que poner buena cara y sonreír en vez de hacer lo que harías cualquier otro día del año: cagarte en su putísima madre y tal vez reventarle los dientes, tal vez quedarte con muchas ganas de hacerlo.
En un contexto más amplio, existe un tipo de persona que se muestra especialmente simpática (para el resto del mundo) o gilipollas (para tí) en esos momentos en los que es evidente que no estás ni mucho menos de buen humor y que no tienes paciencia ni ganas de mostrarte mínimamente educado, menos aún de poner cara de felicidad. El tipo de persona que te dice "Eh, que yo no te he hecho nada" en tono ofendido cuando le ladras por importunarte en una situación por el estilo, o que intenta hacerte comprender que no hay motivo para estar de mal humor, cuando ni siquiera conoce el motivo del mismo.
En una situación así, y dependiendo del nivel de confianza y de aprecio, la reacción más suave suele ser comentar, con una media sonrisa forzada, que no estás de humor y que por favor te dejen en paz. Cuando hay cierto aprecio pero no mucha familiaridad, lo habitual es mostrarse malhumorado, tenso y puede que hasta ofensivo en situaciones concretas. Pero cuando la persona en cuestión, siendo de un entorno relativamente cercano, nos resulta más o menos detestable... en una situación así, el ser humano promedio saca lo peor que lleva dentro. Sientes que todo lo que te ha pasado o te has montado tú solito es culpa de esa persona. Al mismo tiempo, sabes que no tiene la culpa de nada, y eso te hace ponerte más furioso por la frustración, porque necesitas un motivo para cabrearte con esa persona y no lo encuentras, y sabes que es injusto culparl@ pero te la suda, lo único que quieres es soltarle a alguien todo lo que llevas dentro porque estás encabronado. Y se lo sueltas, y a veces te quedas maravillosamente bien, aunque siempre te quede un regustillo de culpabilidad. O no se lo sueltas, y te lo tragas todo. Te lo tragas porque detestas a esa persona, pero necesitas que esté ahí para detestarla.
Todos necesitamos odiar algo, o preferiblemente a alguien. El odio, la ira, la frustración, incluso el miedo... son parte de nuestra naturaleza. Por eso mentimos. Por eso a veces nos sentimos mejor al hacer daño a alguien. Por eso necesitamos una vía de escape, porque no podemos permitirnos acabar con todo lo que odiamos. No sólo por lo que pueda pasar si matamos a otra persona, si destruimos algo o a alguien, sino porque necesitamos que sigan ahí.
Por eso algún gilipollas inventó las inocentadas. ¡¡INOCENTEEEE!!
En un contexto más amplio, existe un tipo de persona que se muestra especialmente simpática (para el resto del mundo) o gilipollas (para tí) en esos momentos en los que es evidente que no estás ni mucho menos de buen humor y que no tienes paciencia ni ganas de mostrarte mínimamente educado, menos aún de poner cara de felicidad. El tipo de persona que te dice "Eh, que yo no te he hecho nada" en tono ofendido cuando le ladras por importunarte en una situación por el estilo, o que intenta hacerte comprender que no hay motivo para estar de mal humor, cuando ni siquiera conoce el motivo del mismo.
En una situación así, y dependiendo del nivel de confianza y de aprecio, la reacción más suave suele ser comentar, con una media sonrisa forzada, que no estás de humor y que por favor te dejen en paz. Cuando hay cierto aprecio pero no mucha familiaridad, lo habitual es mostrarse malhumorado, tenso y puede que hasta ofensivo en situaciones concretas. Pero cuando la persona en cuestión, siendo de un entorno relativamente cercano, nos resulta más o menos detestable... en una situación así, el ser humano promedio saca lo peor que lleva dentro. Sientes que todo lo que te ha pasado o te has montado tú solito es culpa de esa persona. Al mismo tiempo, sabes que no tiene la culpa de nada, y eso te hace ponerte más furioso por la frustración, porque necesitas un motivo para cabrearte con esa persona y no lo encuentras, y sabes que es injusto culparl@ pero te la suda, lo único que quieres es soltarle a alguien todo lo que llevas dentro porque estás encabronado. Y se lo sueltas, y a veces te quedas maravillosamente bien, aunque siempre te quede un regustillo de culpabilidad. O no se lo sueltas, y te lo tragas todo. Te lo tragas porque detestas a esa persona, pero necesitas que esté ahí para detestarla.
Todos necesitamos odiar algo, o preferiblemente a alguien. El odio, la ira, la frustración, incluso el miedo... son parte de nuestra naturaleza. Por eso mentimos. Por eso a veces nos sentimos mejor al hacer daño a alguien. Por eso necesitamos una vía de escape, porque no podemos permitirnos acabar con todo lo que odiamos. No sólo por lo que pueda pasar si matamos a otra persona, si destruimos algo o a alguien, sino porque necesitamos que sigan ahí.
Por eso algún gilipollas inventó las inocentadas. ¡¡INOCENTEEEE!!