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jueves, 3 de enero de 2008

Felices setenta

En unos días, Su Graciosa (descojonante, vamos) Majestad cumple setenta añitos, cifra que no tiene otra particularidad que la de ser múltiplo de diez (y de dos, y de cinco, y de siete, y de catorce, y de treinta y cinco). No obstante, desde que empezó el año, la televisión nos bombardea con mensajes de diversos personajes más o menos célebres, alguno de los cuales supongo que sería difícil de identificar incluso para el más experto de los snobs, que felicitan a don Juancar por tan notable aniversario a la vez que recalcan su orgullo por ser españoles y su amor por su patria y por su rey.

Teniendo ya una edad como para pensar más que seriamente en jubilarse, y una línea sucesoria más larga que un día sin pan, no me cabe la menor duda de que en un plazo de cinco o diez años veremos al cumpleañero abdicando en favor de nuestro mediático Principito, que también tiene ya sus añitos. Aunque, al menos en lo que se ha dado a conocer a la opinión pública, el sujeto de marras goza de una salud más que envidiable para alguien de su edad y que haya llevado una vida tan ostentosa y (según dicen) tan ajetreada. Sea como sea, el caso es que el tipo se retirará antes de caerse de viejo, a no ser que un no tan mal rayo le parta antes.

No tengo ni puta idea de cómo van los sondeos de opinión referentes a la popularidad de la Gran Familia Real, ni ganas de perder cinco segundos en buscarlo en Google. De lo que estoy convencido es que el hecho de que cada vez haya más Infantes, Príncipes, Altezas, Majestades y Suputamadres no le hace nada de gracia a quien sabe que va a tener que darles de comer, y desde luego el ver cómo se lo pasan pipa en un velero, o esquiando, o practicando cualquier otro hobby que esté fuera del alcance económico del obrerete promedio, no va a mejorar eso. Ni siquiera el verles vivir bien, comer mejor, vestir de diseño o gastar un dineral en chuminadas diversas. Por mucho que el 90% de los que piensen eso probablemente harían lo mismo en su situación, por mucho que el resto sean idealistas ilusos, por mucho que la mayoría no tenga realmente motivos para quejarse. Por eso, de vez en cuando hay que darles un poco de circo, un porquénotecallas o un quemafotos.

El caso es que, a día de hoy, y por mucho que nos tengan con la mosca detrás de la oreja, es imposible pensar que un grupo político se atreva a proponer una reforma constitucional que incluya la Real Patada en el Trasero, aunque a más de uno le gustaría. Si alguien lo hiciera, probablemente acabase con su carrera política, y hoy en día el rollito de figurar como héroe en los libros de Historia de dentro de unos siglos no acaba de ser motivación suficiente. Hay que aceptarlo: el poder en España está en manos del Partido Popular, derechista (perdón, de "centro liberal") y descendiente directo y algunos dicen que más moderado del régimen de Franco, y del Partido Socialista, que se dedica a intentar mejoras sociales que fracasan miserablemente y a oponerse a la oposición, en lo cual también fracasa miserablemente. Los demás grupos políticos se limitan a tener sus 15 minutos de gloria y a bajarse los pantalones masivamente el resto del tiempo.

En resumen, mientras queden personas de esas de "Esto con Franco no pasaba" en puestos de poder, o de responsabilidad, o de money, tendremos que seguir celebrando cumpleaños del Rey, del que hay ahora o del que sea. Y ahora que tienen derecho, como españoles que son, al famoso cheque bebé, pues venga a follar como conejos... Mientras tanto, baja la natalidad (con honrosas excepciones, como los inmigrantes), la población envejece, y a quienes les gusta meterla en caliente más que a un tonto un lápiz aún se preguntan cómo puede ser... muy sencillo, porque sale más barato follar con condón, píldoras y marchatrás los días sin ovulación que dar de comer a un crío, sobre todo si además de ese crío tienes que comer tú y tiene que comer la hipoteca. Al menos, entre unas polladas y otras, nos hartaremos de comer conejo...

martes, 1 de enero de 2008

La familia

En primer lugar, feliz año nuevo a todos los depravados que entren a mi blog por error, seguramente buscando porno. Espero que no sufráis mucho para coronar la cuesta de enero, que no se os haya atragantado el conejo ese que está tan barato y que el nuevo canon de la Sociedad General de lAdrones y Estafadores no os suponga un desembolso excesivo, no ya por vuestros bolsillos, que no me preocupan excesivamente, sino para que esos malditos hijos de la grandísima pCENSURADOuta ganen lo menos posible.

Tal vez sea por estar en unas fechas tan típicas de pasar en familia. Lo cierto es que no hay nada más agradable (siempre que no se abuse demasiado) que pasar estos días rodeado de tus seres queridos, ni ocasión más propicia en todo el año para limar asperezas. Y es que la familia es, indudablemente, una parte muy importante de casi todo ser humano. Y como seres sociables que son... estooo... que somos los humanos, la familia será sin duda un pilar básico de nuestra sociedad.

Precisamente esto es lo que pretendían reivindicar las organizaciones de familias cristianas, "víctimas" del terrorismo, partidarios del PP y demás escoria en la concentración esa del día 30 de diciembre. En realidad, lo que hacían era criticar abiertamente tres de las reformas más polémicas introducidas en los últimos tiempos: los matrimonios homosexuales, los divorcios express y la asignatura de Educación contra la ciudadanía. Tres reformas cuya polémica, sinceramente, no soy capaz de comprender, ya que lamentablemente mi capacidad para empatizar con mentalidades retrógradas que escupen sobre el divino don que es el pensamiento racional es más bien escasa.

Me gustaría dejar claro que no soy ni mucho menos simpatizante del Gobierno, ni probablemente llegue a serlo de ningún posible Gobierno, y que el sistema mal llamado democracia jamás funcionará como es debido porque corrompe indefectiblemente a aquellos que ostentan el poder, y muy especialmente a esos anónimos mandos intermedios que, sin que casi nadie sea consciente de ello, son los que realmente mangonean y manipulan nuestras vidas. Cada cual tiene sus ideas, donde hay dos personas hay tres opiniones, y lo único que se puede hacer realmente es intentar buscar un punto intermedio que satisfaga a todas las partes. El problema surge cuando alguna de las partes pretende tener la única razón posible, y se acrecienta cuando esa parte se apoya en siglos de tradición y de dominación. Hablamos, por supuesto, de la verdadera Cosa Nostra italiana. Como se solía decir, con la Iglesia hemos topado. Y sin ánimo de ofender a nadie, si tengo que decantarme entre Iglesia y Gobierno, prefiero mil veces un Gobierno que queme todas las iglesias y ejecute a sus representantes a una Iglesia que tenga algún poder sobre el Gobierno.

El tema del matrimonio homosexual es probablemente el más obvio. En pleno siglo XXI, en un país supuestamente moderno, desarrollado y democrático, se discrimina a las personas por sus tendencias sexuales. No, no me refiero a que la mayoría de la gente se sienta ofendida cuando se la califica de homosexual, o que muy especialmente los hombres identifiquemos gay con afeminado, poco viril, o en esencia indigno de respeto. Todo eso son reminiscencias de un pasado no tan lejano, y supongo que ocurre en todas partes y que seguirá ocurriendo al menos durante otro par de generaciones. Son, simplemente, inflexiones del lenguaje. A lo que me refiero es a que dos personas no puedan manifestar y oficializar el amor que se profesan por algo tan nimio como el hecho de que sean del mismo sexo. Aunque sólo sea por beneficiarse de las ventajas legales que ello supone: permiso laboral por matrimonio, por enfermedades o fallecimiento de familiares del cónyuge, ventajas fiscales, herencias... No tiene ninguna lógica que dos personas tengan una serie de derechos sólo si la suma de sus cromosomas de un tipo es impar. Igual que tampoco tiene ninguna lógica que una institución como la Iglesia pretenda inmiscuirse en un acontecimiento social que se celebra desde mucho antes de que dicha institución existiera, y que actualmente está clasificado como laico. Porque recordemos, algunos de los que se casan lo hacen ante los ojos de Dios, pero absolutamente todos lo hacen ante los ojos del Estado.

El divorcio express es la otra cara de la misma moneda. Dos personas decidieron formalizar una unión que, por motivos cualesquiera, ha dejado de existir. Los sentimientos van y vienen, nunca podemos reprimirlos completamente, son la única parte de nuestro ser que nos puede hacer verdaderamente libres. El amor aparece igual que desaparece, o las relaciones se rompen de forma violenta, o simplemente un matrimonio hecho por conveniencia ha dejado de ser rentable. Dos personas que se han unido voluntariamente ante la Ley, desean volver a su estado anterior. ¿Quién es Dios para pretender impedírselo? Estoy seguro de que un matrimonio que decide divorciarse se está condenando al infierno, pero ¿al infierno no se va cuando uno muere? Porque, siendo así, las personas que quieren separarse y están vivas no deberían tener ningún motivo para no poder hacerlo. Y por lo tanto, lo mejor es que el proceso sea lo más rápido e indoloro posible para ambas partes: no tiene sentido aderezar una experiencia que puede llegar a ser traumática con un montón de burocracia ineficiente, mucho menos aún con consideraciones morales basadas en las ideas de personas que no conocen el amor y que han renunciado al matrimonio.

El tema de la Educación para la Ciudadanía ya es otro caso aparte. Para profundizar en la materia, habría que bucear en los cambios sociales que han hecho que los padres sean cada vez más egoístas e irresponsables en cuanto a la educación de sus hijos, o en la amplia presencia que tienen las congregaciones cristianas en cuanto a colegios concertados y privados junto con la falta de calidad y de medios en la enseñanza pública. Como en Blogger no hay suficiente capacidad de hosting para almacenar toda la tinta (y la sangre) que puede correr sobre tan amplias y ambiguas materias, lo mejor es pasarlas por alto y que cada cual las entienda desde su concepto. Lo único que cabe decir es que España es un país autoproclamado laico y que, por mucha capacidad de convocatoria y repercusión social que tenga la Iglesia, la ley no le concede ninguna prerrogativa más allá de la libertad de culto. En contra de lo que parecen pensar los eclesiásticos, laico no es lo mismo que anticristiano o antirreligioso, sino que es una postura nula en cuanto a cultos. Lo cual significa que la religión no debe influir para nada en la sociedad, ni a favor ni en contra, más allá de lo que influya en cada individuo y en su libertad para elegir. Por lo tanto, si la sociedad es laica, la educación debería serlo: nada de enseñar Religión (católica) en los colegios, por muy religiosos que sean los que lo financian o los padres de los alumnos. Que cada estudiante aprenda a respetar los valores y principios en los que se basa la sociedad, y en su casa, donde debe ser, su familia le inculque las creencias que crea (valga la redundancia) oportunas, sin que éstas sean obstaculizadas por ningún tipo de prejuicio adquirido en el colegio. La susodicha asignatura de Educación para la Ciudadanía, que ha sido criticada como un intento de politizar a los estudiantes (por favor, señores, la gente que estudia en colegios e institutos no tiene edad para votar), y etiquetada como una alternativa a la de Religión (resumiendo, hay que elegir entre ser cívico o ser religioso, y cuando digo religioso quiero decir católico apostólico romano), puede ser un medio excelente para que la gente joven no sea tan... gilipollas, no se me ocurre otro calificativo, como los adolescentes de tres o cuatro años a esta parte. El problema es que las mentalidades cerradas de la Iglesia entienden "politizar" como "inducir a pensar de manera racional y emplear el libre albedrío", y "laico" como "antirreligioso, inmoral y contrario a las buenas costumbres", y como por desgracia estas mentalidades conforman un grupo de presión bastante nutrido, pues pasa lo que pasa...

Como remate, en especial al tema de la educación, me gustaría añadir una frase que leí en el suplemento Estudiad Malditos, publicado por El Jueves (exacto, esa revista que sale los miércoles y se censura los viernes) que daban hace unos años con el periódico gratuito 20 minutos, y que aparte de su tono chascarrillero creo que resume bastante bien todo lo que he intentado transmitir en este post.

Si con los curas tomas lección, saldrás ateo... o maricón

PD: me ha costado un esfuerzo sobrehumano, pero he conseguido completar el artículo sin emplear ni una sola vez la palabra FASCISTA. Si no lo pongo, reviento...

lunes, 12 de noviembre de 2007

Suma y sigue

Aunque no tenga ni puta gracia, vamos a enfocarlo como un chiste...

Esto es un chaval que va en el metro a una manifestación de Democracia Nacional (nacionalsocialista, se sobreentiende) y se cruza en Legazpi con dos chavales antifascistas que iban al mismo sitio, aunque obviamente con propósitos muy distintos. Para más señas, la manifestación, supuestamente legal, cosa que no entiendo ni quiero entender, se celebrará bajo el lema "Contra el racismo anti español, contra la inmigración". Así, sin especificar ni detallar. Si creyera en el sistema, diría que ese lema es abiertamente anticonstitucional. En cualquier caso, me parece francamente espeluznante que un ser humano cualquiera necesite recurrir a cualquier tipo de ley para calificarlo de deleznable cuando menos, y a sus autores de malnacidos para arriba.

El caso es que los dos chavales antifas, de 16 y 19 años, acaban mal. Concretamente, el más joven acaba en una bolsa para cadáveres, con una puñalada en el corazón, y el otro en la cama de hospital en la que me imagino que sigue con pronóstico grave. Por lo visto no habían sido los únicos antifas que habían tenido la feliz idea de sabotear, con más o menos violencia, la susodicha manifascistación (no sé dónde he leído este término, pero me encanta: ojalá en mis sueños, ya que en el mundo real ni de coña, lo incluyan en el diccionario de la RAE), y obviamente se arma una trifulca de considerables proporciones con los manifascistantes, en la que pasa de todo. Desde un hombre, ajeno a la pelea, que se cae por las escaleras del metro, hasta una dotación(se sobreentiende que policial) dañada por cócteles molotov (lo dice el ABC, hay que creérselo) en el punto en que iba a finalizar la manifa. Lo que sucede realmente no está del todo claro, puesto que hay incidentes tanto en el metro como en lo de los molotovs (glorieta de Cádiz, "punto final previsto para la manifestación"), lugar este último donde supuestamente hubo enfrentamientos entre antifas y picoletos. Dependiendo de a quién se pregunte, la respuesta será diferente, y probablemente ninguna será verdad.

Lo más importante, lo realmente importante, es que mientras toda esta gente se sacude alegremente unos bofetones, en el metro ya no hay un chavalín de 16 años. Hay un cadáver. El asesino se llama Josué E. de la H. y tiene 24 años. A simple vista, no es más que el típico neonazi al que solamente un ignorante llamaría skinhead. Me gustaría aclarar que los verdaderos skinheads son violentos, sí, les va el rollo punk-destroy, la cerveza, el vandalismo, las broncas callejeras, pero son ANTINAZIS. Ya desde los años 80 en la vieja Gran Bretaña, los rudeboys que se dedicaban a divertirse y a liarla, luchando muy a su manera contra el sistema, fueron catalogados como neonazis por los medios de comunicación, a pesar de su ideología de extrema izquierda, y los neonazis de verdad se apresuraron a imitar su estética, mientras las masas ignorantes se ponían hasta el culo de circo para olvidarse del pan. Hoy en día no existen los neonazis en los medios de comunicación: cuando pasa algo, se habla de skinheads en los titulares, y en el cuerpo de la noticia se mencionan de pasada las "cabezas rapadas" y las ideologías "de ultraderecha". Los tiempos cambian. ¿Los tiempos cambian?

Volviendo al tema. El chavalito muerto es de Vallecas, barrio antifascista y obrero donde los haya. El que casi le acompaña en algo más que el sentimiento es de Aluche, otro barrio de curritos, aunque hay quien dice que Aluche es parte de Carabanchel, hogar del que perpetra estas líneas, que también es un barrio de lo mejorcito de Madrid. El tal Josué no tengo ni idea de dónde puede ser, aunque espero que sea de Meco durante unos cuantos añitos, los que aguante vivo en el talego. Lo que sí sé es que, desde el año pasado, trabaja para el Carnicero Mayor del Estado, y
está destinado desde enero en el batallón de Honores del Regimiento Inmemorial del Rey del Ejército de Tierra. Dicho de otra manera, un chavalito con instrucción militar que se pasea por la calle con un arma blanca, probablemente un puñal de combate reglamentario de la clase que usen en el Regimiento ese, y asiste a actos públicos de un ¿partido? ultraderechista. Canela fina. Al menos, me queda un consuelo, y es que en los informativos de TVE le han llamado como hay que llamarle. Fascista. Asesino. En todo el reportaje, que por cierto tenía un aire como muy de documental, no recuerdo haber oído la palabra "nazi", y además estoy seguro de haber visto una imagen con la leyenda Punks & Skins y la tan imitada calavera con cresta de los Exploited en medio del repertorio de imágenes nazis, no sé si por garrafal error o con subliminales intenciones. También me ha hecho gracia lo de "abrir el debate" sobre la ilegalización de ¿partidos? de este corte, mientras cada mes se apresuran a prohibir la última versión de Batasuna argumentando que es casi tan anticonstitucional como lo de los prejuicios raciales y la iconografía nazi, pero claro, si no son vascos no pueden ser tan malos... ahí tienes a los catalanes, toda la vida llamándoles agarrados y mira lo sueltos que están ahora.

En fin, el detalle a tener en cuenta: batallón de Honores del Regimiento Inmemorial del Rey. El ejército está plagado de fascistas y de asesinos, materiales o en potencia, pero el hijo de mil putas del que hablamos es precisamente de esa división. Y le ha dado el ramalazo justo en este momento. ¿Siniestra coincidencia? ¿Neurona fascista sexualmente excitada y sedienta de sangre? Mayor Oreja hablando de lo bien que se vivía en el franquismo, Aznar que publica sus "Cartas a un joven español" llamado Santiago (el Matamoros se obvia), el Rey se arranca por acallares... A mí esto ya se me empieza a parecer a la película Magnolia.

domingo, 11 de noviembre de 2007

¿Por qué no te callas?

Eso mismo me pregunto yo. O mejor dicho, ¿por qué abres la boca? ¿Te molesta que te digan verdades a la cara, aun cuando te las diga un energúmeno pseudosocialista con ínfulas de dictador y pose de maleducado? Cuando Aznar, en su partidita al Age of España, decidió ir a la guerra, no dijiste nada, tú que estás encaramado en tu sitial de Guardián de la Democracia y Garante del Estado de Derecho. ¿Acaso te pareció que el "No a la guerra" no se oía lo bastante alto? Tal vez el Palacio de la Zarzuela tiene demasiadas hectáreas entre tu salita de estar y las vallas que dan a la calle, al mundo real, y por eso no te enteraste. Has tenido que ir a una Cumbre (nunca entenderé por qué se le llama cumbre al acto, lugar y/o momento en que se reúne lo más bajo de cada uno de los ítems allí representados) y escuchar cara a cara los improperios de un "revolucionario", digno émulo de Stalin, para enterarte de lo que el Pueblo que te da de comer, a tí, a tu familia y a todo tu fastuoso séquito, lleva años gritando.

Y digo yo, dentro de mi ignorancia, que últimamente sales demasiado en las noticias. Si ya hace muchos años que se queman banderas, y desde que vuelve a haber monarca volvió a haber antimonárquicos y republicanos, ¿cómo es que a nadie se le había ocurrido quemar tu foto? ¿O acaso se quemaban fotos de Su Majestad desde hace ya bastante? Y si es así, resulta curioso que ahora se le de tanta importancia... ¿o es que antes no aparecían estas cosas en los medios de comunicación? Pero ahora sí que aparecen... y todo el pueblo muestra su indignación. Pero como escribió a propósito del tema ciert@ columnista, de cuyo nombre no es que no quiera sino que no me acuerdo, de alguno de los diarios gratuitos que se reparten en el metro de Madrid, "si no hubiera Rey, nadie quemaría fotos del Rey". Y hete aquí que, apenas unos días después de extinguidos los últimos coletazos del asunto, Su Divina Majestad decide darse un garbeo oficial por las ciudades autónomas, donde no estuvo cuando lo de los inmigrantes que se empalaban cada noche contra las vallas de la vergüenza, mejor dicho, donde no se había dignado a plantar Su Divino Pinrel desde que le dieron el empleo, y digo empleo porque me parece insultante llamarlo trabajo (¿alguien recuerda la frase del Prínc... sujeto número 1 en la portada de aquella edición de El Jueves que salió un miércoles y fue secuestrada un viernes?). Por supuesto, no podemos dejar en el tintero la reciente beatificación, canonización o loqueseación de todos aquellos mártires nacionales que no eran republicanos y no están enterrados en bosques y cunetas, porque el franquismo se preocupó de que, a diferencia de sus víctimas, no cayeran en el olvido. Y ahora esto. Esto y sus inevitables consecuencias mediáticas: rechazo masivo a los quemafotos, grandilocuencia festiva en las visitas, aprobación multitudinaria para el desplante. Moraleja: esta motocicleta puede ser suya por mucho menos de lo que piensa y en cómodos plazos, sin intereses...

No olvidemos, don Juan Carlos, que a ti no te ha votado nadie. Nunca. No olvidemos que eres el sucesor, te guste o no, de cierto gallego de El Ferrol que descansa en inmerecida paz en el Valle de los Caídos, de cuyo nombre todos nos acordamos. No olvidemos que sigues siendo el líder de ese reducto de auténticos fascistas que es el ejército. No olvidemos que para representar a España dispones de un jugoso presupuesto que tienes carta blanca para administrar como te parezca, igual que tienes inmunidad ante los tribunales de justicia. No olvidemos que 18 años son muchos para jugar inocentemente con un revólver, y la cabeza de tu hermano pequeño un mal lugar al que apuntar. No olvidemos, por último, que fuiste proclamado rey por las Cortes pero coronado, perdón, exaltado, por la Iglesia.

Yo, al menos, no olvidaré lo mucho que me jodió saber que compartía ese triste y poco conocido aniversario que es el 27 de noviembre. Fíjate, si hubiera nacido cinco días antes, habría podido compartir cumpleaños con la Democracia del Rey... sin embargo, conformándome con lo presente, me permito el lujo de tutearte, igual que tú haces con el señor Chávez, y te pregunto lo mismo que tú le preguntaste a él, lo mismo que tanta gente se pregunta todas las navidades: ¿por qué no te callas?

sábado, 10 de noviembre de 2007

Está de moda

Pues sí, damos y caballeras, está de moda. ¿El qué? Deberían saberlo, que para eso está de moda...

Está de moda relegar a un plano de inferioridad lo que es distinto. Al fin y al cabo, en eso consiste precisamente la moda. La moda es la Historia del presente y del futuro próximo, y al igual que la Historia del pasado, la moda la escriben los vencedores. Pero, a diferencia de la auténtica Historia, no hay clemencia para los vencidos, porque los vencidos no tienen derecho a nada. Ni a la existencia. Ni siquiera al recuerdo. Si estás en el lado equivocado, lo único que puedes hacer es apartarte del camino o ser aplastado.

Por supuesto, no hablo de la moda a la hora de vestir. Aún no he tenido el gusto de ver por la calle uno de esos modelitos de las pasarelas, ni de unirme a la procesión de transeúntes que probablemente se formaría detrás con el único fin de emular a Nelson Muntz (*HAAA HAAAAA!!!*). Me refiero a la moda en general, a eso que todo el mundo piensa, dice o hace porque es lo que hace, dice o piensa todo el mundo. Es realmente curioso cómo los seres humanos en general, salvo aquellos pocos que, por suerte o por desgracia para ellos, merecen acertadamente el calificativo de psicópatas, son capaces de verdaderas proezas, desde la simple y elegante hipocresía hasta el supremo nivel de la bajada completa, física y moral, de pantalones. Proezas todas ellas que tienen como único fin el impresionar a otros grupos de seres humanos para contar con su aprobación y, en el más abyecto de los casos, para poder aspirar a la integración en los susodichos grupos. ¿Hasta qué punto es importante ser popular? Y lo que es más importante, ¿hasta qué punto es más importante ser uno mismo que ser popular?

Intentemos enfocar el asunto desde una perspectiva lo más amplia posible, ya que una perspectiva global no lo es. Dentro de una sociedad (cualquier parecido con la sociedad española actual es pura coincidencia), por lo general (y lógicamente, puesto que si no no sería posible dicha sociedad), existe una abrumadora mayoría de conformistas. Este, llamémoslo así, supergrupo, pese a la gran variedad de ideas que se pueden encontrar en él, forma una gran unidad porque, en lo esencial, comparte unas ideas básicas. Puede haber sectores más conservadores, incluso ciertas células ultraderechistas o ultraortodoxas, pero su aparente desaprobación no es sino una exhibición chauvinista de apoyo al sistema. El grueso de nuestro supergrupo lo compondrían las tendencias más moderadas, lo que en política se suele denominar "centro" (por si alguien no lo sabía, el Partido Popular se autocalifica de "centro liberal"...) porque en Europa, y en la mayor parte del mundo, aún duele la palabra "derecha", así como las tendencias izquierdistas más moderadas. Si enfocamos un poco más a la izquierda, en el borde de lo políticamente correcto, encontraremos los sectores más radicalmente reformistas de nuestro supergrupo. De manera similar aunque opuesta a los del borde contrario, su progresismo parte de la base del sistema establecido, sin salir de los límites marcados por aquél.

Todos estos grupos, en apariencia tan dispares, al más básico de los niveles comparten las mismas doctrinas, los mismos dogmas, o si se prefiere los mismos principios, por mucho que de cara a la galería se empeñen en aparentar todo lo contrario. Forman el conjunto de una sociedad, que puede ser mejor o peor, pero en cualquiera de los casos es así, igual al conjunto de elementos comunes a todos los miembros de nuestro supergrupo. El respeto a los principios anteriores es la base de dicha sociedad, el pilar principal que debe aguantar los movimientos de la estructura que sustenta.

Por supuesto, existe un pequeño grupo de tendencias disidentes que cuestionan y/o desprecian esos principios básicos. Por los motivos que uno quiera imaginar, estos elementos subversivos atentan continuamente contra el orden establecido. Los argumentos que esgrimen son muchos y muy variados, y una buena cantidad de ellos son compartidos íntimamente por gran parte de la sociedad políticamente correcta, que en realidad se diferencia de ellos en muy poco. En realidad, entre el obrero que es explotado por la sociedad y el que se rebela contra ella, la única variación suele ser la carga de responsabilidades que pesa sobre cada uno de ellos (normalmente es por eso por lo que la rebeldía es inversamente proporcional a la edad). No obstante, los mutuos improperios verbales entre los rebeldes, calificados ignorante e inequívocamente de "rojos", y los conformistas, igualmente poco merecedores del apelativo "fascistas", recuerdan en esta triste península que siete décadas no son tiempo suficiente para olvidar, mientras en el resto del mundo (ese mundo que suele excluir África y buena parte de Asia y América) traen a la mente dos tristemente célebres banderas que solamente tuvieron en común el dolor (y el color) de la sangre derramada a sus pies.

Lo más llamativo del asunto es que aquellos rebeldes, autoproclamadamente ajenos a las modas, erigidos en paladines de la libertad de expresión y de pensamiento, no carecen de esa misma estructura de la sociedad a la que critican. Como dice el dicho, valga la redundancia, en todas partes se cuecen habas, o quizá sea mas correcto decir que, en casa del herrero, cuchillo de palo. Porque, en efecto, el credo es el mismo, aunque las palabras sean otras. El espectro demográfico es igual de amplio en la sociedad que entre los antisociales, y en ambos casos es igual de difícil encontrar un pensamiento original. Lo que en un lado es conformismo, en otro lado es cliché, eslogan, estereotipo. Lo escalofriantemente cierto es que hay rebeldes que necesitan que se les diga contra qué rebelarse. No son rebeldes sin causa, son rebeldes sin motivo, rebeldes conformistas. Rebeldes a la moda.

Ahora mismo estoy en pijama, sentado delante de mi ordenador, con los pies (enfundados en calcetines y calzados con chanclas, al más puro estilo de buen turista alemán) apoyados en una mesita de cristal, comiendo gelatina de limón en una ensaladera, y no puedo evitar preguntarme si realmente lo hago por voluntad propia, o si en alguna parte habrá alguien frotándose las manos mientras yo cumplo sus designios, inconsciente...

viernes, 9 de noviembre de 2007

Noventa años de la Revolución

Pues sí, yo tampoco lo sabía, pero resulta que anteayer se cumplieron 90 años de la Revolución de Octubre, posiblemente la más determinante de la historia a nivel mundial. Para quien no lo sepa, estamos hablando de la caída de los zares en Rusia a manos de los bolcheviques y compañía, y la instauración de la URSS, todo esto en mitad de la Primera Guerra Mundial, que Rusia abandonó por motivos obvios ("cerrado por cambio de propietario").

Lo más curioso de todo este asunto es que el aniversario de la Revolución de Octubre sea en noviembre. Se podrían plantear muchas teorías, como esa que dice que C. nació en el año 4 antes de C. o la otra que afirma que cuando uno se mueve muy rápido el tiempo transcurre más despacio (la famosa relatividad de Lorentz... digooo... de Einstein). Sin embargo, la respuesta es más simple a la par que más inquietante: en la Rusia de los zares y de la Iglesia Ortodoxa aún se empleaba el calendario juliano, y mientras en el calendario gregoriano de Occidente ya había llegado noviembre, las fuentes rusas de la época citan el 25 de octubre como fecha del levantamiento. Resulta cuando menos llamativo que, a pesar de la innegable excelencia (aun sabiendo que es imperfecto) del calendario gregoriano como herramienta, y a pesar de estar ya bien entrado el siglo XX, en muchos países se siguiera negando su validez por motivos exclusivamente religiosos y para nada razonables, sobre todo teniendo en cuenta que cualquiera de dichos países habría encontrado ofensivo el apelativo "teocracia". Y hoy en día habrá quien afirme que las religiones no tienen poder en los estados teóricamente laicos...

Recuperando el tema, hace 90 años que una serie de líderes lograron unir al pueblo, como siempre oprimido, al son de falsas promesas. La que iba a ser una revolución a nivel mundial y la creación de un nuevo paraíso para la humanidad, donde ya no habría amos ni esclavos, quedó relegada a los territorios de la URSS. El ideal de justicia e igualdad demostró la misma candidez que la fe en la bondad natural del ser humano. El pueblo trabajador luchó para librarse de la opresión, y "They burst their manacles and wear the name/ Of Freedom, graven on a heavier chain!" (Quemaron sus grilletes, y lucen la palabra/ Libertad, grabada en una cadena más pesada). Durante siete décadas largas, gracias a una nutrida lista de megalómanos, psicópatas, o simples ambiciosos sin escrúpulos, el sueño de la humanidad se convirtió en la pesadilla del mundo. Primero, por la amenaza constante de la destrucción de la civilización o incluso de toda vida humana en forma de guerra termonuclear. Segundo, y si cabe aún más grave, por haber cerrado y sepultado la única salida del sistema injusto, inmundo y opresivo en el que está cada vez más encerrado el mundo entero, el capitalismo, la globalización.

Es ese sistema cada vez más derechista, autoproclamado liberal, generador de ficciones que inhabilitan a los individuos y los relegan a una muchedumbre, más sencilla de manipular. Desde los extremistas religiosos que viven bien a costa de enviar a la muerte a miles de personas, aprovechándose de su ignorancia para imbuirles ideas alienantes, hasta los líderes de organismos internacionales que deciden sobre el futuro de poblaciones enteras en función de los beneficios personales que obtendrán. Ya los romanos empleaban la estrategia del "pan y circo": en el mundo desarrollado, nos dan ración extra de circo para que olvidemos que a gran parte de la humanidad le estamos robando el pan. Sin darnos cuenta, estamos tan corrompidos por nuestro propio poder, nos hemos vuelto tan insolidarios, que no nos importa tanto el ingente número de muertes anónimas de cada día, de las que todos somos indirectamente responsables, como una víctima de muerte violenta que nos muestran con nombre y apellidos, a manos de uno de esos enemigos de la sociedad que fabrican y distribuyen los medios: los fundamentalismos religiosos o nacionalistas, el tabaquismo, la violencia de género (¿de qué género?), los accidentes de tráfico... la lista es interminable.

Y sin embargo, a nadie le importa que miles (las estadísticas más optimistas hablan de 24000) personas mueran de hambre al día, nadie se sorprende de las muertes de civiles que aparecen cada día en las noticias sobre la guerra de turno, nadie se indigna por las muertes de los inmigrantes que buscan una salida a la muerte en vida de sus países de origen. Parafraseando a los asesinos de su propia revolución, "La muerte de uno es una tragedia, la muerte de un millón es sólo estadística". Y la estadística es la única manera de utilizar la clara verdad de las matemáticas para mentir.

Por eso, al contrario que el nazismo, al contrario que la Inquisición, al contrario que tantas y tantas desgracias, la Revolución nunca debe ser borrada de la Historia. Porque cada vez que veo en las noticias que suben las hipotecas, o que el ejército estadounidense está bombardeando un país, o veo pintadas fascistas por la calle, o siento que me rechazan por pensar como pienso, o me para la Guardia Civil yendo con amigos y nos registran por nuestro aspecto, recuerdo que una vez, hace ahora noventa años, alguien nos dijo a todos que podíamos luchar por ser libres. Y aunque las cosas se torcieran, aunque te digan "y mira lo que pasó", aunque no sea más que un romántico ideal, aunque nunca consigamos ser libres, siempre podremos luchar por ello. Y siempre valdrá la pena.