miércoles, 23 de enero de 2008

Las ventajas de ser imperfecto

Llevo 15 días sin escribir nada aquí, pero echando un vistazo de vez en cuando me he dado cuenta de que el (exiguo) volumen de visitas es directamente proporcional a la densidad de mi verborrea bloguera. Dicho de otro modo: si escribo entra más gente que si no.

Oh gran descubrimiento, dirán algunos listillos. Si fuerais listos no estaríais leyendo esta sarta de paridas, pedazo de lumbreras... donde las dan las toman. En fin, yo ya sabía que estas cosas funcionan así, que cuanto más actualizas más trepas en toda clase de buscadores, y por tanto te ve más gente (aunque sea por accidente) y al recibir más visitas subes más, en plan círculo vicioso. Lo cual, obviamente, es igual de válido en sentido contrario. Por supuesto, hay muchos más factores que influyen en el proceso, pero a grandes rasgos es algo así.

La coña es que esas actualizaciones no tienen por qué ser de calidad, ni interesantes, ni siquiera coherentes. Probablemente, un servidor web con un bot que rastree las N palabras/links con más apariciones en una serie de webs de mucho tráfico y plasme el conjunto en una lista sobre fondo blanco consiga muchas más visitas que una página currada y medianamente bien publicitada sobre un tema de interés general. Sin ir más lejos, yo diría que casi un tercio de las visitas de este blog se deben a aquel link que puse a la portada de El Jueves, edición secuestro, que mucha gente ha encontrado en Google Imágenes y, al entrar a verla, en el marco ese del "Abajo encontrará la imagen en su contexto original en la página: " apareció este truño (información aportada por el cacharrito ese de Feedjit, que te dice de dónde son tus visitas, o su proxy, y desde dónde han llegado a parar a tu página: una verdadera monada).

Y esto se debe, por supuesto, a que quienes hacen el trabajo sucio no son personas, son pedazos de silicio. O directamente son entes inmateriales e imperceptibles, véase programas automatizados para hacer tal o cual trabajo: desde contar visitas hasta asociar palabras con vínculos. En efecto, el éxito o el fracaso de tu proyecto no depende tanto de tu esfuerzo como de que le hagas la pelota a GoogleBot y a un par de amiguetes suyos para empezar a recibir visitas a saco.

Las cosas son así, uno de cada X usuarios que vea tu página va a volver porque le ha interesado. X puede variar según la calidad de tu trabajo y los gustos del visitante. Si llamamos Y al total de visitas que reciba tu página, resulta que Y/X es la cantidad de clientes/afiliados/visitantes habituales/whatever que consigues a priori. Ahora bien, disminuir X requiere esfuerzo y dedicación constantes, aparte de un cierto talento. Aumentar Y solamente necesita un poco de picardía a la hora de añadir meta-datos, una actualización lo más constante posible (que perfectamente puede ser automática) y tal vez un desembolso puntual en los primeros momentos para contratar a una consultora de esas que se dedican a hacerte subir puestos en los buscadores más utilizados. Conclusión, interesa más la cantidad que la calidad.

Si todo el trabajo automatizado se tuviera que hacer a mano, obviamente el número de buscadores disminuiría drásticamente, igual que las páginas de búsqueda automática. El servicio que aportan, por supuesto, no sería gratuito ni de coña, y la cantidad de resultados obtenidos u obtenibles sería miles de veces menor. Pero, por supuesto, una sola búsqueda te llevaría exactamente donde quieres. Y todo porque un ser humano no puede realizar un millón de operaciones por segundo, pero en cambio puede prescindir de la forma y operar con el significado.

Si es que a veces la mayor virtud es tener defectos...

martes, 8 de enero de 2008

Rebajas

No me queda muy claro si se llaman así por lo mucho que rebajan los precios, por lo que rebajan su ritmo de vida los compradores para sobrevivir a la cuesta de enero, o por el nivel de consumismo al que se rebaja la gente durante esta época. El caso es que El Corte Inglés, junto con otros miles de comercios que le hacen la corte, ya ha colgado los cartelitos de "Rebajas", y la plebe ha acudido en masa a la caza de las mejores gangas, o de quince segundos de gloria televisiva, o simplemente por inercia gregaria, sin ningún fin en particular, aparte de salir con menos dinero del que entró en el establecimiento.

Es sobre todo en el sector textil donde tanto los comercios como los clientes se frotan las manos. Es la ocasión perfecta para adquirir ese artículo que tanto necesitamos para la temporada de frío, aunque con el tema del cambio climático y tal la verdad es que el frío se acaba a los quince días de terminar las rebajas y no tenemos ocasión de lucir el modelito como se merece. Para los comercios, es el momento perfecto para dar salida a todo el stock sobrante del año anterior, que obviamente está pasado de moda y en ocasiones incluso tiene defectos derivados del tiempo, lugar y modo de almacenaje que nada tienen que ver con las taras de fabricación esas que nos aconsejan reclamar y requeterreclamar en la televisión los expertos de las sociedades de consumidores y consumidos. No por ser más barato tiene que ser peor... claro, esa es la base sobre la que se asientan los cimientos del capitalismo y de la globalización, ofrecer al usuario productos de alta calidad a precios muy competitivos y dando toda clase de facilidades. No te jode.

No digo que sean una mierda, pero los productos comprados en rebajas son como una especie de simbiosis: el empresario gana algo de dinero por productos que a priori son pérdidas y que va a tener que desechar o liquidar; y el consumista, perdón, el consumidor, pone buena cara porque le sale más barato y aunque la calidad sea ligeramente peor le sale rentable. Pero por mucho que pueda mosquear a alguno, la coña esta ahí. Ese pañuelo que compraste en rebajas ha estado dos meses en el mismo almacén que algún producto potencialmente cancerígeno. Esos pantalones se los han probado veinte personas antes de que decidieras que no te hacían el trasero gordo. Ese jersey de tejidos naturales lleva una buena temporada a merced de los ácaros, de las polillas o de cualquier otro parásito de armario ropero. Esa camisa de nylon ha marcado algunas arrugas de manera indeleble porque estuvo guardada en plástico hermético debajo de 50 kg de embalajes varios.

Pero todo eso no importa a nadie, porque esos artículos tienen un descuento del 20%... No los necesitamos, no nos lo podemos permitir ni aunque esté rebajado, no los queremos realmente pero nos da cosa salir sin ninguna compra cuando hemos venido a comprar. Y luego sale el tal Solbes llamándonos manirrotos y diciendo que comamos conejo, y la mitad de la población le dice que viceversa. Lo que más me jode de los políticos es que a veces, sólo a veces, tienen toda la puta razón del mundo...

jueves, 3 de enero de 2008

Felices setenta

En unos días, Su Graciosa (descojonante, vamos) Majestad cumple setenta añitos, cifra que no tiene otra particularidad que la de ser múltiplo de diez (y de dos, y de cinco, y de siete, y de catorce, y de treinta y cinco). No obstante, desde que empezó el año, la televisión nos bombardea con mensajes de diversos personajes más o menos célebres, alguno de los cuales supongo que sería difícil de identificar incluso para el más experto de los snobs, que felicitan a don Juancar por tan notable aniversario a la vez que recalcan su orgullo por ser españoles y su amor por su patria y por su rey.

Teniendo ya una edad como para pensar más que seriamente en jubilarse, y una línea sucesoria más larga que un día sin pan, no me cabe la menor duda de que en un plazo de cinco o diez años veremos al cumpleañero abdicando en favor de nuestro mediático Principito, que también tiene ya sus añitos. Aunque, al menos en lo que se ha dado a conocer a la opinión pública, el sujeto de marras goza de una salud más que envidiable para alguien de su edad y que haya llevado una vida tan ostentosa y (según dicen) tan ajetreada. Sea como sea, el caso es que el tipo se retirará antes de caerse de viejo, a no ser que un no tan mal rayo le parta antes.

No tengo ni puta idea de cómo van los sondeos de opinión referentes a la popularidad de la Gran Familia Real, ni ganas de perder cinco segundos en buscarlo en Google. De lo que estoy convencido es que el hecho de que cada vez haya más Infantes, Príncipes, Altezas, Majestades y Suputamadres no le hace nada de gracia a quien sabe que va a tener que darles de comer, y desde luego el ver cómo se lo pasan pipa en un velero, o esquiando, o practicando cualquier otro hobby que esté fuera del alcance económico del obrerete promedio, no va a mejorar eso. Ni siquiera el verles vivir bien, comer mejor, vestir de diseño o gastar un dineral en chuminadas diversas. Por mucho que el 90% de los que piensen eso probablemente harían lo mismo en su situación, por mucho que el resto sean idealistas ilusos, por mucho que la mayoría no tenga realmente motivos para quejarse. Por eso, de vez en cuando hay que darles un poco de circo, un porquénotecallas o un quemafotos.

El caso es que, a día de hoy, y por mucho que nos tengan con la mosca detrás de la oreja, es imposible pensar que un grupo político se atreva a proponer una reforma constitucional que incluya la Real Patada en el Trasero, aunque a más de uno le gustaría. Si alguien lo hiciera, probablemente acabase con su carrera política, y hoy en día el rollito de figurar como héroe en los libros de Historia de dentro de unos siglos no acaba de ser motivación suficiente. Hay que aceptarlo: el poder en España está en manos del Partido Popular, derechista (perdón, de "centro liberal") y descendiente directo y algunos dicen que más moderado del régimen de Franco, y del Partido Socialista, que se dedica a intentar mejoras sociales que fracasan miserablemente y a oponerse a la oposición, en lo cual también fracasa miserablemente. Los demás grupos políticos se limitan a tener sus 15 minutos de gloria y a bajarse los pantalones masivamente el resto del tiempo.

En resumen, mientras queden personas de esas de "Esto con Franco no pasaba" en puestos de poder, o de responsabilidad, o de money, tendremos que seguir celebrando cumpleaños del Rey, del que hay ahora o del que sea. Y ahora que tienen derecho, como españoles que son, al famoso cheque bebé, pues venga a follar como conejos... Mientras tanto, baja la natalidad (con honrosas excepciones, como los inmigrantes), la población envejece, y a quienes les gusta meterla en caliente más que a un tonto un lápiz aún se preguntan cómo puede ser... muy sencillo, porque sale más barato follar con condón, píldoras y marchatrás los días sin ovulación que dar de comer a un crío, sobre todo si además de ese crío tienes que comer tú y tiene que comer la hipoteca. Al menos, entre unas polladas y otras, nos hartaremos de comer conejo...

martes, 1 de enero de 2008

La familia

En primer lugar, feliz año nuevo a todos los depravados que entren a mi blog por error, seguramente buscando porno. Espero que no sufráis mucho para coronar la cuesta de enero, que no se os haya atragantado el conejo ese que está tan barato y que el nuevo canon de la Sociedad General de lAdrones y Estafadores no os suponga un desembolso excesivo, no ya por vuestros bolsillos, que no me preocupan excesivamente, sino para que esos malditos hijos de la grandísima pCENSURADOuta ganen lo menos posible.

Tal vez sea por estar en unas fechas tan típicas de pasar en familia. Lo cierto es que no hay nada más agradable (siempre que no se abuse demasiado) que pasar estos días rodeado de tus seres queridos, ni ocasión más propicia en todo el año para limar asperezas. Y es que la familia es, indudablemente, una parte muy importante de casi todo ser humano. Y como seres sociables que son... estooo... que somos los humanos, la familia será sin duda un pilar básico de nuestra sociedad.

Precisamente esto es lo que pretendían reivindicar las organizaciones de familias cristianas, "víctimas" del terrorismo, partidarios del PP y demás escoria en la concentración esa del día 30 de diciembre. En realidad, lo que hacían era criticar abiertamente tres de las reformas más polémicas introducidas en los últimos tiempos: los matrimonios homosexuales, los divorcios express y la asignatura de Educación contra la ciudadanía. Tres reformas cuya polémica, sinceramente, no soy capaz de comprender, ya que lamentablemente mi capacidad para empatizar con mentalidades retrógradas que escupen sobre el divino don que es el pensamiento racional es más bien escasa.

Me gustaría dejar claro que no soy ni mucho menos simpatizante del Gobierno, ni probablemente llegue a serlo de ningún posible Gobierno, y que el sistema mal llamado democracia jamás funcionará como es debido porque corrompe indefectiblemente a aquellos que ostentan el poder, y muy especialmente a esos anónimos mandos intermedios que, sin que casi nadie sea consciente de ello, son los que realmente mangonean y manipulan nuestras vidas. Cada cual tiene sus ideas, donde hay dos personas hay tres opiniones, y lo único que se puede hacer realmente es intentar buscar un punto intermedio que satisfaga a todas las partes. El problema surge cuando alguna de las partes pretende tener la única razón posible, y se acrecienta cuando esa parte se apoya en siglos de tradición y de dominación. Hablamos, por supuesto, de la verdadera Cosa Nostra italiana. Como se solía decir, con la Iglesia hemos topado. Y sin ánimo de ofender a nadie, si tengo que decantarme entre Iglesia y Gobierno, prefiero mil veces un Gobierno que queme todas las iglesias y ejecute a sus representantes a una Iglesia que tenga algún poder sobre el Gobierno.

El tema del matrimonio homosexual es probablemente el más obvio. En pleno siglo XXI, en un país supuestamente moderno, desarrollado y democrático, se discrimina a las personas por sus tendencias sexuales. No, no me refiero a que la mayoría de la gente se sienta ofendida cuando se la califica de homosexual, o que muy especialmente los hombres identifiquemos gay con afeminado, poco viril, o en esencia indigno de respeto. Todo eso son reminiscencias de un pasado no tan lejano, y supongo que ocurre en todas partes y que seguirá ocurriendo al menos durante otro par de generaciones. Son, simplemente, inflexiones del lenguaje. A lo que me refiero es a que dos personas no puedan manifestar y oficializar el amor que se profesan por algo tan nimio como el hecho de que sean del mismo sexo. Aunque sólo sea por beneficiarse de las ventajas legales que ello supone: permiso laboral por matrimonio, por enfermedades o fallecimiento de familiares del cónyuge, ventajas fiscales, herencias... No tiene ninguna lógica que dos personas tengan una serie de derechos sólo si la suma de sus cromosomas de un tipo es impar. Igual que tampoco tiene ninguna lógica que una institución como la Iglesia pretenda inmiscuirse en un acontecimiento social que se celebra desde mucho antes de que dicha institución existiera, y que actualmente está clasificado como laico. Porque recordemos, algunos de los que se casan lo hacen ante los ojos de Dios, pero absolutamente todos lo hacen ante los ojos del Estado.

El divorcio express es la otra cara de la misma moneda. Dos personas decidieron formalizar una unión que, por motivos cualesquiera, ha dejado de existir. Los sentimientos van y vienen, nunca podemos reprimirlos completamente, son la única parte de nuestro ser que nos puede hacer verdaderamente libres. El amor aparece igual que desaparece, o las relaciones se rompen de forma violenta, o simplemente un matrimonio hecho por conveniencia ha dejado de ser rentable. Dos personas que se han unido voluntariamente ante la Ley, desean volver a su estado anterior. ¿Quién es Dios para pretender impedírselo? Estoy seguro de que un matrimonio que decide divorciarse se está condenando al infierno, pero ¿al infierno no se va cuando uno muere? Porque, siendo así, las personas que quieren separarse y están vivas no deberían tener ningún motivo para no poder hacerlo. Y por lo tanto, lo mejor es que el proceso sea lo más rápido e indoloro posible para ambas partes: no tiene sentido aderezar una experiencia que puede llegar a ser traumática con un montón de burocracia ineficiente, mucho menos aún con consideraciones morales basadas en las ideas de personas que no conocen el amor y que han renunciado al matrimonio.

El tema de la Educación para la Ciudadanía ya es otro caso aparte. Para profundizar en la materia, habría que bucear en los cambios sociales que han hecho que los padres sean cada vez más egoístas e irresponsables en cuanto a la educación de sus hijos, o en la amplia presencia que tienen las congregaciones cristianas en cuanto a colegios concertados y privados junto con la falta de calidad y de medios en la enseñanza pública. Como en Blogger no hay suficiente capacidad de hosting para almacenar toda la tinta (y la sangre) que puede correr sobre tan amplias y ambiguas materias, lo mejor es pasarlas por alto y que cada cual las entienda desde su concepto. Lo único que cabe decir es que España es un país autoproclamado laico y que, por mucha capacidad de convocatoria y repercusión social que tenga la Iglesia, la ley no le concede ninguna prerrogativa más allá de la libertad de culto. En contra de lo que parecen pensar los eclesiásticos, laico no es lo mismo que anticristiano o antirreligioso, sino que es una postura nula en cuanto a cultos. Lo cual significa que la religión no debe influir para nada en la sociedad, ni a favor ni en contra, más allá de lo que influya en cada individuo y en su libertad para elegir. Por lo tanto, si la sociedad es laica, la educación debería serlo: nada de enseñar Religión (católica) en los colegios, por muy religiosos que sean los que lo financian o los padres de los alumnos. Que cada estudiante aprenda a respetar los valores y principios en los que se basa la sociedad, y en su casa, donde debe ser, su familia le inculque las creencias que crea (valga la redundancia) oportunas, sin que éstas sean obstaculizadas por ningún tipo de prejuicio adquirido en el colegio. La susodicha asignatura de Educación para la Ciudadanía, que ha sido criticada como un intento de politizar a los estudiantes (por favor, señores, la gente que estudia en colegios e institutos no tiene edad para votar), y etiquetada como una alternativa a la de Religión (resumiendo, hay que elegir entre ser cívico o ser religioso, y cuando digo religioso quiero decir católico apostólico romano), puede ser un medio excelente para que la gente joven no sea tan... gilipollas, no se me ocurre otro calificativo, como los adolescentes de tres o cuatro años a esta parte. El problema es que las mentalidades cerradas de la Iglesia entienden "politizar" como "inducir a pensar de manera racional y emplear el libre albedrío", y "laico" como "antirreligioso, inmoral y contrario a las buenas costumbres", y como por desgracia estas mentalidades conforman un grupo de presión bastante nutrido, pues pasa lo que pasa...

Como remate, en especial al tema de la educación, me gustaría añadir una frase que leí en el suplemento Estudiad Malditos, publicado por El Jueves (exacto, esa revista que sale los miércoles y se censura los viernes) que daban hace unos años con el periódico gratuito 20 minutos, y que aparte de su tono chascarrillero creo que resume bastante bien todo lo que he intentado transmitir en este post.

Si con los curas tomas lección, saldrás ateo... o maricón

PD: me ha costado un esfuerzo sobrehumano, pero he conseguido completar el artículo sin emplear ni una sola vez la palabra FASCISTA. Si no lo pongo, reviento...

viernes, 28 de diciembre de 2007

Inocente

El Día de los Inocentes... no, perdón, el Día de los Santos Inocentes. ¿Qué sentido tiene? El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra... ¿quién está libre de pecados? Y en otro orden de cosas, ¿por qué coño celebramos el día de marras haciendo putadas al prójimo? Porque, más que el Día de los Inocentes, parece el Día del Orgullo Culpable... o el Día de que un soplapollas te venga a calentar los huevos, te diga "¡¡INOCENTEEE!!" y tú tengas que poner buena cara y sonreír en vez de hacer lo que harías cualquier otro día del año: cagarte en su putísima madre y tal vez reventarle los dientes, tal vez quedarte con muchas ganas de hacerlo.

En un contexto más amplio, existe un tipo de persona que se muestra especialmente simpática (para el resto del mundo) o gilipollas (para tí) en esos momentos en los que es evidente que no estás ni mucho menos de buen humor y que no tienes paciencia ni ganas de mostrarte mínimamente educado, menos aún de poner cara de felicidad. El tipo de persona que te dice "Eh, que yo no te he hecho nada" en tono ofendido cuando le ladras por importunarte en una situación por el estilo, o que intenta hacerte comprender que no hay motivo para estar de mal humor, cuando ni siquiera conoce el motivo del mismo.

En una situación así, y dependiendo del nivel de confianza y de aprecio, la reacción más suave suele ser comentar, con una media sonrisa forzada, que no estás de humor y que por favor te dejen en paz. Cuando hay cierto aprecio pero no mucha familiaridad, lo habitual es mostrarse malhumorado, tenso y puede que hasta ofensivo en situaciones concretas. Pero cuando la persona en cuestión, siendo de un entorno relativamente cercano, nos resulta más o menos detestable... en una situación así, el ser humano promedio saca lo peor que lleva dentro. Sientes que todo lo que te ha pasado o te has montado tú solito es culpa de esa persona. Al mismo tiempo, sabes que no tiene la culpa de nada, y eso te hace ponerte más furioso por la frustración, porque necesitas un motivo para cabrearte con esa persona y no lo encuentras, y sabes que es injusto culparl@ pero te la suda, lo único que quieres es soltarle a alguien todo lo que llevas dentro porque estás encabronado. Y se lo sueltas, y a veces te quedas maravillosamente bien, aunque siempre te quede un regustillo de culpabilidad. O no se lo sueltas, y te lo tragas todo. Te lo tragas porque detestas a esa persona, pero necesitas que esté ahí para detestarla.

Todos necesitamos odiar algo, o preferiblemente a alguien. El odio, la ira, la frustración, incluso el miedo... son parte de nuestra naturaleza. Por eso mentimos. Por eso a veces nos sentimos mejor al hacer daño a alguien. Por eso necesitamos una vía de escape, porque no podemos permitirnos acabar con todo lo que odiamos. No sólo por lo que pueda pasar si matamos a otra persona, si destruimos algo o a alguien, sino porque necesitamos que sigan ahí.

Por eso algún gilipollas inventó las inocentadas. ¡¡INOCENTEEEE!!

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Hace unos años

Exactamente hace unos años se produjo una catástrofe natural de algún tipo en una zona muy concreta del mundo en la que desaparecieron personas, algunas de las cuales siguen desaparecidas, y también murieron muchas personas que a día de hoy siguen muertas. Los cuantiosos destrozos materiales provocados por la catástrofe se valoraron en muchos dólares, por lo que parece ser que no hay nadie interesado en comprarlos.

Huelga decir que muchas personas de las que murieron o estuvieron allí no saben dónde está el océano Índico, ni en qué parte de Asia habita el sudeste asiático. Sería por tanto muy grosero explicarles lo que es un maremoto, o por qué a las olas se les llama tsunamis cuando se hacen mayores. Tampoco podemos pedirles que su imaginación conciba lo que son miles de millones cuando en su vida jamás verán juntos más de unos pocos centenares. Ni siquiera sería justo llenarse la boca con sistemas de prevención por satélite o infraestructuras de alerta temprana.

Sin embargo, seguro que se inquietarían si supieran que algunas personas se enteran de las catástrofes antes de que ocurran. O si les dijeran que, en muchos países del mundo, al 90% de la población afectada le habría llegado la noticia con tiempo más que suficiente para escapar. O si vieran con sus propios ojos que en otros lugares han ocurrido catástrofes más tarde y que, sin embargo, se están recuperando mucho más rápido. Y sin duda, les parecería ofensivo que existan obras de arte, o documentos históricos, o artículos que tomaron parte en una vida u obra digna de ser recordada, que casi a diario son vendidas por mucho más dinero del que se envía en forma de ayuda a una zona concreta y del que se beneficiarían centenares o miles de personas.

Dicen que la vida no tiene precio, pero sin embargo hay muchas personas dispuestas a ponérselo. Y no deja de resultarme curioso el hecho de que arrebatar una vida humana produzca más dinero del que se invertiría por salvarla. Del mismo modo que los asesinos de las películas y los del mundo real cobran sumas elevadas, mientras los delincuentes callejeros de zonas subdesarrolladas matan a cambio de la posibilidad de que su víctima porte algo de valor. Aunque claro, si resulta que la vida sí que tiene precio, es lógico pensar que unas puedan tener mucho más valor que otras, ya que es lo que suele pasar con todas las cosas que tienen precio.

Tal vez sea por eso por lo que la única diferencia entre ricos y pobres a la hora de sufrir una catástrofe sea precisamente el número de muertes. La amante madre Tierra no atiende a razones de dinero, y en su infinita sabiduría nos devuelve en forma de pequeños pescozones de advertencia las puñaladas traperas que le asestamos. Dentro de poco, no me cabe duda, los huracanes dejarán de tener categoría numérica, la escala de Richter dejará de servir para medir los terremotos, y análogamente todas las catástrofes naturales posibles se calificarán según su potencial destructivo en millones de dólares. Por eso, en los lugares en los que las vidas valen varios miles, sólo veremos unos cientos de muertos aderezados con mucho dramatismo, mientras que los pobres desafortunados que nacieron con menos valor monetario verán cómo, cada vez que la Naturaleza monta en cólera, el resultado se cuenta en pilas de cadáveres anónimos amontonados en fosas comunes. Por supuesto, las manos negras de la muerte no se irán sin cobrarse su tributo en forma de epidemias, disturbios y demás consecuencias indirectas, que suelen ser proporcionales a las directas.

He tenido la suerte de nacer en una zona del mundo en la que las vidas se venden caras y las catástrofes se ven de lejos, pero a pesar de eso, o quizá precisamente por eso, no puedo evitar un ramalazo de asco, ira y odio cada vez que veo a una panda de tragaldabas sufriendo crisis nerviosas porque el frío les ha reventado las tuberías, o las riadas les han destrozado el parquet y estropeado el mobiliario de diseño. No hacia los tragaldabas, que al fin y al cabo... pobrecillos, sino hacia el género humano y hacia la sociedad civilizada que en teoría se basa y en la práctica se limpia el culo en los ideales de Igualdad y Justicia.

Por suerte la Naturaleza nos ha dotado de suficientes lágrimas para poder hacer frente a estos pensamientos. Ojalá nos sirvieran también para hacer frente a esta realidad...

martes, 25 de diciembre de 2007

Feliz Navidad

Feliz Navidad a la gente que se muere de hambre en todo el mundo, mientras tú te inflas de polvorones como un cerdo y tiras a la basura la mitad de la comida, y al cubo de la basura la otra mitad, la que no te comes, ya sea porque no agrada a tu paladar de marqués o porque has comido (por desgracia, solamente) casi hasta reventar.

Feliz Navidad a los niños que trabajan como esclavos, porque esclavos es lo que son, mientras una legión de malditos mocosos malcriados de mierda se dedica a berrear, patalear, exigir y recibir gracias a unos padres y familiares que no tienen suficiente personalidad o cerebro como para decir que no.

Feliz Navidad a todos los pobres desgraciados que podrían vivir un poco mejor con la mitad del dinero que te has gastado o te gastarás en regalos inútiles y horteras que tardarán en ir a la basura casi tan poco tiempo como los que te han hecho a ti y has agradecido con tu mejor sonrisa mientras vomitabas mentalmente.

Feliz Navidad a la gente que está trabajando y no puede estar con los suyos, ganando un sueldo de mierda para enriquecer a cuatro hijos de puta que hacen el agosto con cuatro meses de retraso, o mejor dicho, con ocho de adelanto, y que luego se dedican a jugar al Monopoly con los hogares que muchos no podemos permitirnos.

Feliz Navidad a todos los que van a deprimirse y/o suicidarse durante estas fiestas, gracias al bombardeo emocional masivo de una sociedad que vende las navidades como imagen de familia feliz y consumidora, sin preocuparse de las circunstancias afectivas y/o monetarias de quien pueda resultar salpicado por su mensaje.

Feliz Navidad a todos los que mandan a la mierda, sin importarles el qué dirán, esas reuniones familiares con un hatajo de hipócritas mezquinos y desagradecidos que no se han dignado un solo gesto de cariño en todo el año y ahora pretenden guardar las apariencias de cara a la galería.

Feliz Navidad a los que saben que cierto niño nació hace dos milenios para dominar a las gentes ignorantes mediante el miedo, el engaño y la manipulación, y que dos mil años más tarde la patraña sigue funcionando, mientras mil millones de personas siguen esperando a que el niño de marras les traiga una paz y un amor que ni siquiera se merecen.

Feliz Navidad a los bloggers novatos que, como yo, desaparecen una semana por motivos personales y cuando vuelven no recuerdan los datos necesarios para acceder a su blog.

Y próspero año nuevo.

martes, 20 de noviembre de 2007

Organizaciones nada generosas

Hace ya unos cuantos días que liberaron a aquel grupo de camioneros del aire a los que acusaban en no recuerdo qué país de dedicarse al tráfico de niños con la coartada de estar allí en misión humanitaria. Probablemente los pobrecillos se hayan asustado más de tamaña acusación que de sus posibles consecuencias penales, ya que ellos solamente son trabajadores, si no honrados, al menos tan honrados como cualquiera. Y ya se sabe que los únicos que no tienen nada que temer de la Iustitia son los completos sinvergüenzas...

También llegaba a nuestros occidentales y primermundistas oídos la noticia de unos voluntarios que habían ido a Etiopía (creo) a colaborar con una ONG que gestionaba un centro de acogida y educación para menores. Los nobles y caballerosos voluntarios volvían a su tierra denunciando escandalizados los desmanes cometidos por el, al parecer, dueño y señor de la mencionada ONG, cuyo comportamiento recordaba a los reyes del medievo. Al parecer, el mentado señor se dedicaba a imponer castigos físicos extremadamente desproporcionados por motivos poco claros, probablemente relacionados con un sadismo enfermizo derivado de ni Dios sabe qué trastorno en la mente de este hombre. Sin embargo, nuestro ejemplar caballero mantenía la cordura suficiente como para intentar mantener relaciones sexuales con algunas menores (ya no niñas) mediante un ritual de cortejo basado en el chantaje emocional. Además, al ser interrogado sobre tales hechos, el tipo mantenía un aire de suprema autoridad a medio camino entre un falsamente benévolo padre y un verdadero capo de la Cosa Nostra cinematográfica.

Es sabido por todos que las Iglesias siempre han convertido la caridad en un gran negocio. También es cierto que las grandes empresas obtienen jugosos beneficios de sus campañas solidarias. Lo que nos produce un incómodo pitido en los oídos es la posibilidad de que las ONGs, supuestamente organizaciones sin ánimo de lucro y con fines más o menos benéficos, puedan ocultar una importante fuente de malversaciones y escaqueos económicos varios, por mencionar solamente la punta del iceberg: no me cabe la menor duda de que, sobre todo en África, hay quien está vendiendo niños como esclavos, sexuales o de los de toda la vergonzosa vida. Ni de que hay quien está experimentando con ellos, desde cosméticos o medicamentos hasta cosas que me alegro de no saber que existen. Ni de que hay quien está haciéndose de oro con unos órganos cuyos legítimos dueños descansan para siempre en una fosa común. Ni de que, en fin, hay degenerados que los torturan, los violan o los matan por el placer de hacerlo. Ni de que algunos de esos malnacidos hijos de puta convierten el mundo en un lugar si cabe más asqueroso mediante ese dinero que alguien, para acallar su conciencia o por pura generosidad, creyó estar destinando a una buena causa.

En el sudeste asiático hay miles de niñas prostitutas y de niños esclavos. Lo sabemos gracias a que hoy en día nos enteramos de más noticias, aparte de las que nos afectan directamente. Dicen que la ignorancia es la felicidad, y muy desdichado debió de ser el sabio que pronunciase tan gran verdad por primera vez. Pero en nuestro mundo, la ignorancia tiene remedio. Por favor, basta de mirar hacia otro lado, basta de hacer como que no pasa nada. El hambre... la pobreza... la injusticia... o al menos, los desalmados que construyen su vida destruyendo otras. Acabemos con ellos.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Ride the Lightning

No, no es que ahora me guste Metallica. Es que no se me ocurría un título mejor para una entrada sobre Iberdrola y los electricistas 24 horas. Al fin y al cabo, no me extrañaría nada que en algún despacho dejado de la mano de Dios (o de su contestador automático) haya un señor muy elegante, con su traje de pingüino y su corbata a rayas de coca que, bien provisto de un sombrero tejano y con un cable de alta tensión a modo de caballito, se dedique a imitar a los estereotipados compatriotas del mencionado cubrecráneos. ¿O acaso lo de coger los billetes a puñados y lanzarlos desparramados hacia arriba no se hace en el mundo real?

En fin, nuestra historia comienza un día cualquiera, o mejor dicho, una noche cualquiera, más concretamente a las 00 horas y pocos minutos del jueves pasado. El ordenador muere como por arte de magia, la tele decide imitar a la de Poltergeist pero con ruido de interferencias (estamos en el siglo XXI... por favor), y las luces emiten una siniestra luz rojiza y temblorosa que amenaza con extinguirse en cualquier momento. Vamos, una peli de miedo de las de serie B de Bajo presupuesto. En otras palabras, una caída de tensión pero que muy cantosa. Tras unos cuantos minutos de incertidumbre, durante los cuales la situación llegó a amenazar con volver a la normalidad, pasamos a la Fase Dos. La susodicha fase es esa en la que se va la luz del todo y no es el automático. Todo el mundo tropieza con más o menos artículos duros y angulosos mientras busca a tientas un mechero, un móvil o lo que sea que proporcione algo de luz. Como en casa de un humilde servidor siempre se guarda alguna vela para este tipo de situaciones, pronto se ve todo mucho más claro, cálido y trémulo.

Cuando la situación se ha estabilizado, es momento de emprender dos acciones. Una es buscar una carta de la compañía eléctrica para llamar a Atención al Cliente y comentarles el tema, y la otra es salir a la escalera a ver si hay más gente a oscuras, si es cosa del bloque entero o si eres el único que un tal Murphy recuerda en sus oraciones. Cuando se es una persona práctica como mi padre, antes de llamar a ninguna parte lo primero que se hace es pedir la llave del cuarto de contadores, en este caso a un pobre hombre que se levantaba 6 horas más tarde, y bajar a echar un vistazo. Total para nada, porque ya puede ser un fusible de mierda que tú no vas a tener uno de repuesto en casa, y quitárselo a un vecino es un canteo muy gordo. Y está mal. En cualquier caso, bajas al cuarto de contadores a ver si ves algo, llegando por el camino a la conclusión de que
la luz de la escalera funciona perfectamente. Una vez en el cuarto de contadores, verificas que la mayoría tienen luz, exceptuando a tres o cuatro pringaos cuyos contadores están tan parados como el tuyo.

En esas estamos cuando aparece uno de los susodichos pringaos y se asoma a ver quién le acompaña en el sentimiento. Al ser una comunidad tan pequeña, todo el mundo se lleva bien, salvo el típico cabroncete que no paga los recibos hasta que no le denuncian, o el hijo de perra que es propietario pero vive en otro sitio más guapo y tiene el piso este alquilado, con lo cual obviamente suda de todo lo que le pase al piso, a los inquilinos y a la madre que parió a Panete. Estamos de suerte, el pringao no es ninguno de los anteriores. Es un chaval muy apañado, pero carece de la flemática paciencia de mi familia, así que a los cinco minutos de verse sin luz ha llamado a Iberdrola para pedir auxilio. Lógicamente, le mandaron a la mierda como cualquiera de nosotros haría con una llamada a esas horas intempestivas, pero con tanto cariño y delicadeza como sólo son capaces de mostrar los empleados de Atención al Cliente de las multinacionales: "Lo siento, no tenemos ninguna incidencia registrada en su zona". Y a mí qué carallo me importa. Yo tengo un congelador lleno hasta las trancas de comida, una nevera que no se queda muy atrás y un corte de luz de los que no te vuelve ni metiendo los dedos en el enchufe (si quieres que llegue ya el tren, enciende un cigarro... o mejor aún, si está lejos y pasa cada mucho tiempo, ve al servicio, o a la taquilla a preguntar... eficacia demostrada en el 95% de los casos).

A todo esto, los teléfonos estos de recibir quejas, reclamaciones y amenazas varias son una muestra de por qué debería ser delito aplicar la psicología al marketing. Es increíble lo ridículo que se siente uno cuando una máquina le pide que diga algo en repetidas ocasiones antes de conseguir contactar con un ser humano... pero sobre todo cuando lo ves desde fuera. Ves marcar un número... esperar... decir "electricidad"... esperar... decir "avería"... esperar... esperar... "hola, buenas noches, ¿qué desea?". Magdalenas, ¡no te jode!

Resumiendo, tras varios diálogos de besugo, y un par de "ninguna incidencia registrada en su zona", conseguimos que nos den el teléfono de un electricista, no sé si independiente o concertado... que no da señal. Otra llamada a Iberdrola, explicando la situación, y lo que sacas en claro es que te tienes que buscar la vida y llamar a un 24 horas por tu cuenta. Encuentras uno en el típico calendario que todo el mundo tira a la basura... por favor, otro contestador no. Pues sí, un amable e inerte interlocutor te pide que dejes tu número de teléfono y te asegura que te atenderán en unos minutos. Aún estamos esperando esa llamada.

A falta de más almanaques de esos del demonio, al vecino en pijama que tenemos apoltronado en el sofá se le ocurre tirar de la QDQ, que estaba sin desempaquetar siquiera. Una muestra de lo mucho que la usamos... aunque bueno, las Páginas Amarillas tampoco se usan, y para hacer musculación y/o calzar muebles van de puta madre. El caso es que este, que debe de ser autónomo, nos atiende personalmente su novia/socia/algo, a quien una vez comentada la situación se le pregunta por el tiempo que tardará en llegar y la tarifa correspondiente. El tiempo, unos 15-20 minutos, y la tarifa depende de la avería y tal pero son 45 pavos la visita.

Aproximadamente una hora más tarde se presenta en un coche particular un notas con una cara de sueño y/o síndrome de abstinencia de la reostia, con una caja de herramientas de la mano y con la rubia que nos había cogido el teléfono detrás. El tipo entra al cuarto de contadores y confirma lo que le habíamos dicho: los contadores parados están todos en la misma línea, lo cual implica que algo pasa con esa fase. Total que sale fuera del portal, con una escalera que providencialmente estaba en el cuarto de contadores (amén de otros muchos trastos de obra que hay allí guardados de mala manera), y mete la nariz en la caja de conexiones de entrada al bloque. Tras unos 30 segundos mirando el interior, la vuelve a cerrar y nos cuenta un chiste. Nos dice que él no está autorizado a tocar eso, que es cosa de Iberdrola y que tienen que venir ellos. Todo esto hacia las 2:15 de la mañana. Ignorando el severo riesgo de morir empalado en el cuarto de contadores, nos comenta que es normal que Iberdrola nos haya mandado a la mierda, que ahora les llama él como electricista cualificado y en un ratejo los tenemos aquí y nos lo arreglan todo.

Mientras el tipo habla por teléfono con Iberdrola, la rubia nos explica que eso es procedimiento estándar. Como es de imaginar, el 95% de las llamadas que recibe la compañía como averías son estupideces como un cable cortado, el automático que ha saltado, el fusible del abonado, o cualquier otra incidencia que no tiene nada que ver con ellos. De este modo, para filtrar de manera eficaz los casos que tienen que atender ellos, lo que hacen es mandar al cliente a buscarse la vida. Por supuesto, en caso de que tengas que pagar algo por una reparación que es responsabilidad de la compañía, ellos corren con todos los gastos. Así, cuando llegue el electricista, si es cosa de él lo arreglará y cobrará sin más, mientras que si es cosa de Iberdrola tendrá que llamarles a ellos para que ya manden un equipo. Por lo visto, a ellos les sale más rentable indemnizar en esos casos que personarse en todas las averías para repararlas o para lavarse las manos.

Cuando el técnico, muy profesional él, termina de hablar con Iberdrola, después de haberles pasado con mi padre para que pueda proporcionar datos como propietario (el presidente de la comunidad de vecinos era ese pobre hombre que tuvo que levantarse a darnos la llave de los contadores), toca hablar de pasta. Son 45 pavos por la visita, más la mano de obra, más plus de servicio nocturno, más plus por urgencia (una hora en llegar siendo del mismo barrio y por la noche... ni los maderos tardan tanto en llegar a los sitios), más plus por que me apetece, más el IVA: total redondo de 411,80 mauros. Por levantarse de la cama, coger el coche, mirar una caja de conexiones, llamar por teléfono y hacer una factura. Flipas. Es como para ser mileurista y que el tipo te lo diga tan salao. Si no llega a ser porque sé que invita Iberdrola, según me sueltas eso ya estoy cavando la fosa biplaza para que pases la eternidad con una rubia montada encima.

A la media hora de irse los señores estos, visiblemente sufriendo bajo el peso de casi setenta de los antiguos talegos (abonados también por mi viejo, aunque la factura esté a nombre de la comunidad y el administrador ya se los haya devuelto), aparecieron los de Iberdrola y lo dejaron todo apañado. Esta parte de la historia, de las 3:00 en adelante, la conozco solamente de oídas, porque yo me levantaba una hora más tarde que ese pobre hombre de las llaves. Pero como se suele decir, bien está lo que bien acaba. Para los vecinos que estábamos en el ajo, que nos quitamos un buen peso de encima, y sobre todo para el notas este que se fue con un fajo de billetes a limpiar bien el puñal para la siguiente víctima.

Electricista, fontanero, mecánico, albañil... ésas sí que son profesiones con futuro. Y nosotros todos como borregos, o en la universidad sin pegar ni chapa o en un curro de mierda y endeudados hasta las cejas, o incluso puede que las dos a la vez. Nunca hay listos si no hay tontos...

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Día sin Alcohol

Mañana se "celebra" en España el Día sin Alcohol.

Al igual que el Día de no sacar el coche, o el Día de ser majete y buena persona, o el Día de hacerse la raya a un lado en el vello púbico (si te lo depilas... ahora ya sabes cómo se sienten los calvos cada Día de los peinados horteras), es otro de tantos Días con mayúscula creados por algún desquiciado, individual o colectivo, y que nos llega a todos gracias a los medios de incomunicación. Aunque, gracias a Dios, o a quien le esté cubriendo el turno de tarde de hoy (ah no, se me olvidaba que Dios es funcionario), no se les hace tanto caso como a otras estupideces.

Véase por ejemplo la separación de los Conde Nsadores (chiste muy malo sobre su capacidad para condensar 15 hijos, con nombres y apellidos, en dos criaturitas humanas, en especial el tal Froilán, que sufre una vergüenza enorme cada vez que le piden el DNI y tiene que reconocer que solamente lleva encima los tres primeros capítulos). Probablemente no quedará en el país analfabeto ni iletrado que no se haya enterado de su vida y milagros, y el resto del país (minorías étnicas, principamente) ya ha empezado a conjeturar sobre la no-tan-trágica (¿por qué en inglés las expresiones de este tipo suenan tan naturales y en español tan insufriblemente pedantes?) muerte de Letizia a 200 km/h contra un quitamiedos en el madrileño Espe-tunnel.

Puedo hacerme una idea del motivo de tan amarga separación...

  • Froilán: mami, papi, ¿por qué Felipe?
  • Elena: por tu tío, hijo, por tu tío...
  • Froilán: papi, mami, ¿y por qué Juan?
  • Jaimito: por tu bisabuelo, hijo, por tu bisabuelo...
  • Froilán: mami, papi, ¿y por qué Froilán?
  • Elena: porque de alguna manera tienen que llamarte, hijo, de alguna manera tienen que llamarte...
  • Froilán: papi, mami, ¿y por qué de Todos los Santos?
  • Jaimito: ¿y por qué no te callas?
  • Elena: ¡¡ QUIERO EL DIVORCIO !!
Volviendo al tema del Día sin alcohol, me alegro de que exista este día... quiero decir, siempre es mejor un día al año "no hace daño" que el año entero, como muy probablemente acaben intentando y puede que consiguiendo. Los musulmanes no beben alcohol, y es algo muy digno de respeto (dentro del absolutamente nulo respeto que, en mi humilde y enormemente errada opinión, merece cualquier clase de culto religioso o producto derivado). Nadie se lo reprocha ni se lo censura, igual que ellos (los tolerantes, claro está) no nos reprochan ni censuran a los demás el tomarnos un cacharro, aunque probablemente en su fuero interno unos se mueran de asco y otros de envidia. Sin embargo, ¿cuántas vidas se habrían salvado si los terroristas del once ese, o del once este, o cualquiera de los que revienta a diario en el mundo, hubieran estado con un ciego del copón, o mejor aún, durmiendo la mona?

Alguien dirá muy acertadamente que muchas menos de las que se pierden "por culpa del alcohol". O traducido a un lenguaje un poco más objetivo, por culpa de las personas irresponsables y egoístas que no tienen conciencia ni sentido común estando sobrios, mucho menos van a tener estando borrachos. Sólo que subir el precio del alcohol, aumentar el importe de las multas y eventualmente retirar el permiso de conducir para que tengan que volver a pagar a Tráfico es mucho más lucrativo que las medidas realmente eficientes, como los alcoholímetros en el coche, las retiradas permanentes o por periodos largos del carnet, o directamente la clasificación penal de la conducción bajo los efectos del alcohol como lo que realmente es: homicidio en grado de tentativa con agravantes de premeditación y alevosía, o como coño se llame eso para los fiscales. En cuanto a las (muy pocas) personas que mueren por causas derivadas del alcohol pero no del tráfico... el que es violento borracho también lo es sin emborrachar, y el que sufre cualquier tipo de percance o accidente debido a un estado de embriaguez es tan directamente responsable de lo que le haya pasado como de haberse agarrado el pedo que llevaba.

No obstante, con esas campañas publicitarias contra el alcohol lo único que se consigue es que la gente te mire con malos ojos. Pero señora, por qué me dice que voy a atropellar a alguien por ir borracho como una cuba, si yo me voy a ir a mi casa en metro. Por qué me acusa de ensuciar los parques cuando se me olvida una botella de plástico vacía, mientras usted lleva a su perro a evacuar a una zona de césped en la que está expresamente prohibido, en la que a menudo juegan los niños, o se dan el lote los no tan niños, o nos emborrachamos los parásitos sociales. Por qué se queja de lo maleducados que somos, cuando usted no conoce el "dejen salir antes de entrar" en el metro, se queja continuamente por un transporte público que le cuesta la quinta parte que a mí, despotrica contra los inmigrantes y los jóvenes y cualquiera que se ponga a tiro, presupone que es usted más importante que nadie cuando los demas sí tienen cosas que hacer aparte de pasar el rato, camina por la calle hombro con hombro con media docena de congéneres y a paso de tortuga mientras los demás transeúntes tienen que esperar para adelantar porque ustedes no dejan pasar, sale antes que nadie del vagón del metro para luego quedarse bloqueando las escaleras mecánicas en hora punta, y un largo etcétera.

Lo que se saca de todo esto es muy simple: una caza de brujas, igual que se hizo con el tabaco, con la excusa de la sanidad pública y la única finalidad de sacar tajada. Si de verdad alguien se cree el tema de los fumadores pasivos, le recomiendo que pruebe a respirar el aire saturado de polvo y gases de cualquier estación de metro en obras, o simplemente un chupito de la polución de las grandes ciudades... a veces, resulta hasta purificador que te echen el humo del cigarro a la cara. Porque para ser fumador pasivo, tendrías que respirar directamente el humo, cosa que sólo pasa en un coche cerrado lleno de humo, en la zona de fumadores de un aeropuerto o similar, o en sitios de esa calaña. No, un bar no lo es, ni una oficina con aire acondicionado o con alguna ventanita o respiradero, ni esos sitios de los que tanta gente se quejaba, y en los que haría falta ser asmático o tener problemas respiratorios por el estilo para sentir realmente alguna molestia física. Otra cosa es la incomodidad psicológica: si ves el humo, y piensas que te va a hacer daño, es cuando te va a hacer "daño". Si eres así y vives en una ciudad más o menos grande, puedes hacer una pequeña escapada a algún punto elevado que esté en la periferia de tu ciudad, y mira el paisaje desde allí. La botella de oxígeno que vas a necesitar corre por cuenta de la casa.

Por si alguien no se ha enterado: ya sabemos todas y cada una de las consecuencias negativas que tiene fumar. Incluso algunas de las que no aparecen en los anuncios, ni en las cajetillas de tabaco, ni en el cine porno. También sabemos que el alcohol mata neuronas y destroza el hígado. Y que las drogas en general producen daños cerebrales irreversibles, que esnifar a la larga te deja sin nariz, que si te chutas vas a acabar con los brazos como coladores, y que si te comes cualquier tipo de cosa sintética estás jugando a la ruleta rusa con venenos mortales en lugar de balas. Y todo eso nos la suda. Seguiremos fumando, seguiremos bebiendo y seguiremos drogándonos, todo ello con conocimiento de causa y asumiendo toda responsabilidad (aclaración: el autor pasa semanas enteras sin beber, no es ni ha sido nunca fumador habitual aunque en contadas ocasiones agradezca un cigarro, y las únicas drogas que consume son algún porro, muy pero que muy ocasional, y unos cuantos caramelos de menta diarios... ah, y un heladito de postre a mediodía si se puede). Como se suele decir, es mejor haber amado y haber perdido que nunca haber amado. Y es mejor arrepentirse de haber probado algo que no haberlo probado nunca. Ya se sabe, luego te pasas toda la vida preguntándotelo...

En resumen: no renunciemos a nuestras cañas, a nuestros litros de motxo, a nuestros cubatas a precio de oro, a nuestro nunca bastante vilipendiado garrafón. Aunque tengamos que reír por no llorar cuando la barriga cervecera amenace nuestro cuerpo Danone. Aunque al día siguiente Don Simón ponga negro a Don Roca. Aunque un par de tubos en el garito nos cuesten más que una botella entera en el hiper. Aunque acabemos con resaca y escupiendo trozos de bañera vieja antes de llegar a coger el puntillo. Celebremos el Día sin alcohol como debe ser. Vaciando bares.

Como diría el bueno de Homer: "Por el alcohol, causa y a la vez solución de todos los problemas de la vida". Salud, compañero.