En primer lugar, feliz año nuevo a todos los depravados que entren a mi blog por error, seguramente buscando porno. Espero que no sufráis mucho para coronar la cuesta de enero, que no se os haya atragantado el conejo ese que está tan barato y que el nuevo canon de la Sociedad General de lAdrones y Estafadores no os suponga un desembolso excesivo, no ya por vuestros bolsillos, que no me preocupan excesivamente, sino para que esos malditos hijos de la grandísima pCENSURADOuta ganen lo menos posible.
Tal vez sea por estar en unas fechas tan típicas de pasar en familia. Lo cierto es que no hay nada más agradable (siempre que no se abuse demasiado) que pasar estos días rodeado de tus seres queridos, ni ocasión más propicia en todo el año para limar asperezas. Y es que la familia es, indudablemente, una parte muy importante de casi todo ser humano. Y como seres sociables que son... estooo... que somos los humanos, la familia será sin duda un pilar básico de nuestra sociedad.
Precisamente esto es lo que pretendían reivindicar las organizaciones de familias cristianas, "víctimas" del terrorismo, partidarios del PP y demás escoria en la concentración esa del día 30 de diciembre. En realidad, lo que hacían era criticar abiertamente tres de las reformas más polémicas introducidas en los últimos tiempos: los matrimonios homosexuales, los divorcios express y la asignatura de Educación contra la ciudadanía. Tres reformas cuya polémica, sinceramente, no soy capaz de comprender, ya que lamentablemente mi capacidad para empatizar con mentalidades retrógradas que escupen sobre el divino don que es el pensamiento racional es más bien escasa.
Me gustaría dejar claro que no soy ni mucho menos simpatizante del Gobierno, ni probablemente llegue a serlo de ningún posible Gobierno, y que el sistema mal llamado democracia jamás funcionará como es debido porque corrompe indefectiblemente a aquellos que ostentan el poder, y muy especialmente a esos anónimos mandos intermedios que, sin que casi nadie sea consciente de ello, son los que realmente mangonean y manipulan nuestras vidas. Cada cual tiene sus ideas, donde hay dos personas hay tres opiniones, y lo único que se puede hacer realmente es intentar buscar un punto intermedio que satisfaga a todas las partes. El problema surge cuando alguna de las partes pretende tener la única razón posible, y se acrecienta cuando esa parte se apoya en siglos de tradición y de dominación. Hablamos, por supuesto, de la verdadera Cosa Nostra italiana. Como se solía decir, con la Iglesia hemos topado. Y sin ánimo de ofender a nadie, si tengo que decantarme entre Iglesia y Gobierno, prefiero mil veces un Gobierno que queme todas las iglesias y ejecute a sus representantes a una Iglesia que tenga algún poder sobre el Gobierno.
El tema del matrimonio homosexual es probablemente el más obvio. En pleno siglo XXI, en un país supuestamente moderno, desarrollado y democrático, se discrimina a las personas por sus tendencias sexuales. No, no me refiero a que la mayoría de la gente se sienta ofendida cuando se la califica de homosexual, o que muy especialmente los hombres identifiquemos gay con afeminado, poco viril, o en esencia indigno de respeto. Todo eso son reminiscencias de un pasado no tan lejano, y supongo que ocurre en todas partes y que seguirá ocurriendo al menos durante otro par de generaciones. Son, simplemente, inflexiones del lenguaje. A lo que me refiero es a que dos personas no puedan manifestar y oficializar el amor que se profesan por algo tan nimio como el hecho de que sean del mismo sexo. Aunque sólo sea por beneficiarse de las ventajas legales que ello supone: permiso laboral por matrimonio, por enfermedades o fallecimiento de familiares del cónyuge, ventajas fiscales, herencias... No tiene ninguna lógica que dos personas tengan una serie de derechos sólo si la suma de sus cromosomas de un tipo es impar. Igual que tampoco tiene ninguna lógica que una institución como la Iglesia pretenda inmiscuirse en un acontecimiento social que se celebra desde mucho antes de que dicha institución existiera, y que actualmente está clasificado como laico. Porque recordemos, algunos de los que se casan lo hacen ante los ojos de Dios, pero absolutamente todos lo hacen ante los ojos del Estado.
El divorcio express es la otra cara de la misma moneda. Dos personas decidieron formalizar una unión que, por motivos cualesquiera, ha dejado de existir. Los sentimientos van y vienen, nunca podemos reprimirlos completamente, son la única parte de nuestro ser que nos puede hacer verdaderamente libres. El amor aparece igual que desaparece, o las relaciones se rompen de forma violenta, o simplemente un matrimonio hecho por conveniencia ha dejado de ser rentable. Dos personas que se han unido voluntariamente ante la Ley, desean volver a su estado anterior. ¿Quién es Dios para pretender impedírselo? Estoy seguro de que un matrimonio que decide divorciarse se está condenando al infierno, pero ¿al infierno no se va cuando uno muere? Porque, siendo así, las personas que quieren separarse y están vivas no deberían tener ningún motivo para no poder hacerlo. Y por lo tanto, lo mejor es que el proceso sea lo más rápido e indoloro posible para ambas partes: no tiene sentido aderezar una experiencia que puede llegar a ser traumática con un montón de burocracia ineficiente, mucho menos aún con consideraciones morales basadas en las ideas de personas que no conocen el amor y que han renunciado al matrimonio.
El tema de la Educación para la Ciudadanía ya es otro caso aparte. Para profundizar en la materia, habría que bucear en los cambios sociales que han hecho que los padres sean cada vez más egoístas e irresponsables en cuanto a la educación de sus hijos, o en la amplia presencia que tienen las congregaciones cristianas en cuanto a colegios concertados y privados junto con la falta de calidad y de medios en la enseñanza pública. Como en Blogger no hay suficiente capacidad de hosting para almacenar toda la tinta (y la sangre) que puede correr sobre tan amplias y ambiguas materias, lo mejor es pasarlas por alto y que cada cual las entienda desde su concepto. Lo único que cabe decir es que España es un país autoproclamado laico y que, por mucha capacidad de convocatoria y repercusión social que tenga la Iglesia, la ley no le concede ninguna prerrogativa más allá de la libertad de culto. En contra de lo que parecen pensar los eclesiásticos, laico no es lo mismo que anticristiano o antirreligioso, sino que es una postura nula en cuanto a cultos. Lo cual significa que la religión no debe influir para nada en la sociedad, ni a favor ni en contra, más allá de lo que influya en cada individuo y en su libertad para elegir. Por lo tanto, si la sociedad es laica, la educación debería serlo: nada de enseñar Religión (católica) en los colegios, por muy religiosos que sean los que lo financian o los padres de los alumnos. Que cada estudiante aprenda a respetar los valores y principios en los que se basa la sociedad, y en su casa, donde debe ser, su familia le inculque las creencias que crea (valga la redundancia) oportunas, sin que éstas sean obstaculizadas por ningún tipo de prejuicio adquirido en el colegio. La susodicha asignatura de Educación para la Ciudadanía, que ha sido criticada como un intento de politizar a los estudiantes (por favor, señores, la gente que estudia en colegios e institutos no tiene edad para votar), y etiquetada como una alternativa a la de Religión (resumiendo, hay que elegir entre ser cívico o ser religioso, y cuando digo religioso quiero decir católico apostólico romano), puede ser un medio excelente para que la gente joven no sea tan... gilipollas, no se me ocurre otro calificativo, como los adolescentes de tres o cuatro años a esta parte. El problema es que las mentalidades cerradas de la Iglesia entienden "politizar" como "inducir a pensar de manera racional y emplear el libre albedrío", y "laico" como "antirreligioso, inmoral y contrario a las buenas costumbres", y como por desgracia estas mentalidades conforman un grupo de presión bastante nutrido, pues pasa lo que pasa...
Como remate, en especial al tema de la educación, me gustaría añadir una frase que leí en el suplemento Estudiad Malditos, publicado por El Jueves (exacto, esa revista que sale los miércoles y se censura los viernes) que daban hace unos años con el periódico gratuito 20 minutos, y que aparte de su tono chascarrillero creo que resume bastante bien todo lo que he intentado transmitir en este post.
PD: me ha costado un esfuerzo sobrehumano, pero he conseguido completar el artículo sin emplear ni una sola vez la palabra FASCISTA. Si no lo pongo, reviento...
Tal vez sea por estar en unas fechas tan típicas de pasar en familia. Lo cierto es que no hay nada más agradable (siempre que no se abuse demasiado) que pasar estos días rodeado de tus seres queridos, ni ocasión más propicia en todo el año para limar asperezas. Y es que la familia es, indudablemente, una parte muy importante de casi todo ser humano. Y como seres sociables que son... estooo... que somos los humanos, la familia será sin duda un pilar básico de nuestra sociedad.
Precisamente esto es lo que pretendían reivindicar las organizaciones de familias cristianas, "víctimas" del terrorismo, partidarios del PP y demás escoria en la concentración esa del día 30 de diciembre. En realidad, lo que hacían era criticar abiertamente tres de las reformas más polémicas introducidas en los últimos tiempos: los matrimonios homosexuales, los divorcios express y la asignatura de Educación contra la ciudadanía. Tres reformas cuya polémica, sinceramente, no soy capaz de comprender, ya que lamentablemente mi capacidad para empatizar con mentalidades retrógradas que escupen sobre el divino don que es el pensamiento racional es más bien escasa.
Me gustaría dejar claro que no soy ni mucho menos simpatizante del Gobierno, ni probablemente llegue a serlo de ningún posible Gobierno, y que el sistema mal llamado democracia jamás funcionará como es debido porque corrompe indefectiblemente a aquellos que ostentan el poder, y muy especialmente a esos anónimos mandos intermedios que, sin que casi nadie sea consciente de ello, son los que realmente mangonean y manipulan nuestras vidas. Cada cual tiene sus ideas, donde hay dos personas hay tres opiniones, y lo único que se puede hacer realmente es intentar buscar un punto intermedio que satisfaga a todas las partes. El problema surge cuando alguna de las partes pretende tener la única razón posible, y se acrecienta cuando esa parte se apoya en siglos de tradición y de dominación. Hablamos, por supuesto, de la verdadera Cosa Nostra italiana. Como se solía decir, con la Iglesia hemos topado. Y sin ánimo de ofender a nadie, si tengo que decantarme entre Iglesia y Gobierno, prefiero mil veces un Gobierno que queme todas las iglesias y ejecute a sus representantes a una Iglesia que tenga algún poder sobre el Gobierno.
El tema del matrimonio homosexual es probablemente el más obvio. En pleno siglo XXI, en un país supuestamente moderno, desarrollado y democrático, se discrimina a las personas por sus tendencias sexuales. No, no me refiero a que la mayoría de la gente se sienta ofendida cuando se la califica de homosexual, o que muy especialmente los hombres identifiquemos gay con afeminado, poco viril, o en esencia indigno de respeto. Todo eso son reminiscencias de un pasado no tan lejano, y supongo que ocurre en todas partes y que seguirá ocurriendo al menos durante otro par de generaciones. Son, simplemente, inflexiones del lenguaje. A lo que me refiero es a que dos personas no puedan manifestar y oficializar el amor que se profesan por algo tan nimio como el hecho de que sean del mismo sexo. Aunque sólo sea por beneficiarse de las ventajas legales que ello supone: permiso laboral por matrimonio, por enfermedades o fallecimiento de familiares del cónyuge, ventajas fiscales, herencias... No tiene ninguna lógica que dos personas tengan una serie de derechos sólo si la suma de sus cromosomas de un tipo es impar. Igual que tampoco tiene ninguna lógica que una institución como la Iglesia pretenda inmiscuirse en un acontecimiento social que se celebra desde mucho antes de que dicha institución existiera, y que actualmente está clasificado como laico. Porque recordemos, algunos de los que se casan lo hacen ante los ojos de Dios, pero absolutamente todos lo hacen ante los ojos del Estado.
El divorcio express es la otra cara de la misma moneda. Dos personas decidieron formalizar una unión que, por motivos cualesquiera, ha dejado de existir. Los sentimientos van y vienen, nunca podemos reprimirlos completamente, son la única parte de nuestro ser que nos puede hacer verdaderamente libres. El amor aparece igual que desaparece, o las relaciones se rompen de forma violenta, o simplemente un matrimonio hecho por conveniencia ha dejado de ser rentable. Dos personas que se han unido voluntariamente ante la Ley, desean volver a su estado anterior. ¿Quién es Dios para pretender impedírselo? Estoy seguro de que un matrimonio que decide divorciarse se está condenando al infierno, pero ¿al infierno no se va cuando uno muere? Porque, siendo así, las personas que quieren separarse y están vivas no deberían tener ningún motivo para no poder hacerlo. Y por lo tanto, lo mejor es que el proceso sea lo más rápido e indoloro posible para ambas partes: no tiene sentido aderezar una experiencia que puede llegar a ser traumática con un montón de burocracia ineficiente, mucho menos aún con consideraciones morales basadas en las ideas de personas que no conocen el amor y que han renunciado al matrimonio.
El tema de la Educación para la Ciudadanía ya es otro caso aparte. Para profundizar en la materia, habría que bucear en los cambios sociales que han hecho que los padres sean cada vez más egoístas e irresponsables en cuanto a la educación de sus hijos, o en la amplia presencia que tienen las congregaciones cristianas en cuanto a colegios concertados y privados junto con la falta de calidad y de medios en la enseñanza pública. Como en Blogger no hay suficiente capacidad de hosting para almacenar toda la tinta (y la sangre) que puede correr sobre tan amplias y ambiguas materias, lo mejor es pasarlas por alto y que cada cual las entienda desde su concepto. Lo único que cabe decir es que España es un país autoproclamado laico y que, por mucha capacidad de convocatoria y repercusión social que tenga la Iglesia, la ley no le concede ninguna prerrogativa más allá de la libertad de culto. En contra de lo que parecen pensar los eclesiásticos, laico no es lo mismo que anticristiano o antirreligioso, sino que es una postura nula en cuanto a cultos. Lo cual significa que la religión no debe influir para nada en la sociedad, ni a favor ni en contra, más allá de lo que influya en cada individuo y en su libertad para elegir. Por lo tanto, si la sociedad es laica, la educación debería serlo: nada de enseñar Religión (católica) en los colegios, por muy religiosos que sean los que lo financian o los padres de los alumnos. Que cada estudiante aprenda a respetar los valores y principios en los que se basa la sociedad, y en su casa, donde debe ser, su familia le inculque las creencias que crea (valga la redundancia) oportunas, sin que éstas sean obstaculizadas por ningún tipo de prejuicio adquirido en el colegio. La susodicha asignatura de Educación para la Ciudadanía, que ha sido criticada como un intento de politizar a los estudiantes (por favor, señores, la gente que estudia en colegios e institutos no tiene edad para votar), y etiquetada como una alternativa a la de Religión (resumiendo, hay que elegir entre ser cívico o ser religioso, y cuando digo religioso quiero decir católico apostólico romano), puede ser un medio excelente para que la gente joven no sea tan... gilipollas, no se me ocurre otro calificativo, como los adolescentes de tres o cuatro años a esta parte. El problema es que las mentalidades cerradas de la Iglesia entienden "politizar" como "inducir a pensar de manera racional y emplear el libre albedrío", y "laico" como "antirreligioso, inmoral y contrario a las buenas costumbres", y como por desgracia estas mentalidades conforman un grupo de presión bastante nutrido, pues pasa lo que pasa...
Como remate, en especial al tema de la educación, me gustaría añadir una frase que leí en el suplemento Estudiad Malditos, publicado por El Jueves (exacto, esa revista que sale los miércoles y se censura los viernes) que daban hace unos años con el periódico gratuito 20 minutos, y que aparte de su tono chascarrillero creo que resume bastante bien todo lo que he intentado transmitir en este post.
Si con los curas tomas lección, saldrás ateo... o maricón
PD: me ha costado un esfuerzo sobrehumano, pero he conseguido completar el artículo sin emplear ni una sola vez la palabra FASCISTA. Si no lo pongo, reviento...
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